Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
La lectura del segundo volumen de la saga de Geralt de Rivia ha sido una de mis lecturas favoritas de Fantasía en mucho tiempo, y una grata sorpresa además dado mi entusiasmo moderado ante la primera antología, El último deseo. Prácticamente todas las virtudes de aquella obra las encontré aquí, pero potenciadas, y se añadieron a la vez muchísimos elementos que complejizaron mi experiencia lectora en una miríada de emociones muy intensas, desde la risa (literal) a las lágrimas, pasando por la tensión y el entusiasmo genuino cuando ves asomarse un eco de eucatástrofe en el horizonte del relato.
En esta nueva serie de cuentos continuamos con las aventuras autoconclusivas de Geralt, todas muy disfrutables en sí mismas, aunque hacia el final del libro se incluyen dos relatos que siguen una continuidad y que se se centran en el personaje de Ciri, siendo estos los mejores del volumen.
No estoy segura de si algo habrá tenido que ver en mi apreciación el hecho de que leí este volumen en español y no en ingles, como el anterior, y que quizá por ello pude aquilatar de manera más cercana el regusto castizo de la prosa en la excelente traducción de José María Faraldo, pero estilísticamente me sorprendí mucho. Este libro me ha hecho repensar mis observaciones habituales sobre el estilo de la Fantasía, pues sus relatos incluyen un registro soez sin que ello en sí mismo afecte los momentos más solemnes o emotivos (o derechamente de Fantasía) de las historias narradas. Es decir, no se queda solo en lo que podríamos considerar habla coloquial y que hoy parece idealizarse como vía para apartarse de los discursos grandilocuentes habituales en ciertas obras del género: los personajes hablan como tienen que hablar por sus contextos de vida, pero eso no implica necesariamente una visión siempre descarnada de algunos valores. Cuando hay belleza y esperanza en estas historias, toda vulgaridad cesa; se habla entonces desde la verdad de la Fantasía. Me ha parecido este un efecto muy llamativo y digno de estudiarlo con más clama, por la maestría del autor para balancear estos contrastes.
Los relatos en sí mismos son geniales. Por un lado, están los propiamente de Fantasía, que suelen hundir sus mimbres en la tradición de esta expresión literaria para construir enjundiosas narraciones intertextuales que profundizan con humor y emoción (alegre y triste) en sus fuentes. Creo incluso que este tipo de narraciones son una muestra ejemplar de lo que podríamos denominar “Fantasía posmoderna”, sin que por ello debamos pensar en historias excesivamente elaboradas o inasibles (u obras excesivamente «recientes»). Es más bien una delicia reconocer en qué voces se está apoyando el autor y luego comenzar a oír lentamente, en el transcurso de su prosa, esa otra voz propia que terminará sumándose al cántico que constituye la literatura que amamos.
Por otro lado, están los cuentos que, sin dejar de lado ciertos elementos imaginativos, ahondan más en aspectos sentimentales, casi teleseriescos, de los personajes. En general, no tiendo a entusiasmarme con este tipo de historias, pero creo que Sapkowski escribe tan bien las suyas que se hace plenamente entretenidas incluso para lectoras reacias como yo. Sospecho incluso que un cuento como “Esquirlas de hielo” debe ser significativamente superior como drama romántico a muchos relatos del género en plataformas como Wattpad, pero como Sapkowski es un señoro boomer, quizá será difícil que el público objetivo de esas historias pueda llegar a conocerlo y valorarlo (espero equivocarme).
En fin: creo que esta colección es un hito de lectura personal en Fantasía, una aventura que me ha hecho reencantarme con algunos acentos y que me ha despertado la curiosidad por otros. La recomiendo muchísimo tanto a la gente que quizá se interesó por las peripecias de Geralt a partir de sus videojuegos o su serie como a los Fantasistas que estén buscando historias con diversas capas de acceso y profundidad.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 3 de enero de 2022, en el siguiente enlace.