Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Por un momento me pregunté si debía incluir este libro en particular. Lo leí mientras veía la adaptación de Netflix y, puesto que me agradó la serie, temí que mi visión podía estar condicionada por este detalle. Pero bueno, ¿qué más da? ¿A quién le importa? Disfruté mucho de este primer libro en la serie de obras dedicadas a Geralt de Rivia, el Brujo, y me despejó todos los posibles prejuicios que podría haber albergado hacia ella.
Sí, es una fantasía de fórmula. Y sí, ha inspirado tanto una saga de videojuegos muy aclamados y la propia adaptación de Netflix, ambas versiones muy populares hoy en día. Pero, a pesar de todo ello, me ha parecido una historia valiosa en su sencillez. En lo que al libro respecta, me encantó su trabajo con las referencias de cuentos de hadas tradicionales, un aspecto que fue prácticamente eliminado de la serie. Por otro lado, me gustó también la estructura de cuentos largos al momento de delinear a Geralt y sus diversas aventuras, que poseen sus propios personajes y dramas y, por tanto, su propio encanto. Sapkowski posee un talento distintivo en el uso de diálogos, una de las cosas más difíciles en un libro de Fantasía y una de las más habituales y de lamentables resultados en la Fantasía contemporánea en específico. El autor polaco sale bastante bien librado, pues las interacciones de sus personajes se leen frescas, vívidas, llenas de color local. Incluso, a pesar de la rotundidad de numerosos parlamentos, no resultan forzadamente ingeniosas, al modo de los diálogos tipo ping-pong de los gringos (confieso que prefiero diálogos que se lean acartonados y artificiosos por un mal uso de arcaísmos y formalidades antes que sentir que estoy leyendo a dos gringos hablando, uf).
Ahora, precisamente el aspecto anterior tiende a orillar a algunos problemas estilísticos de la obra, al menos en la edición en inglés que leí (hay que recordar que el original está en polaco y que no me atraen nada los modismos coloquiales españoles). A veces cuesta creer que estamos en un mundo de Fantasía por ciertos giros cotidianos de discurso, y por cierto que Geralt a veces parece simplemente una especie de mercenario neomedieval estereotipado. Pero el personaje sabe hacerse carismático a pesar de todo, quizá por una cuota soterrada de ternura y sensatez. De hecho, aspectos más pequeños e insignificantes, como que su caballo se llame Roach (“Sardinilla” en la traducción de la serie) y que le hable de cuando en cuando, me parecen tontamente entrañables.
En realidad, Geralt se me presenta como un hombre triste y cansado que, sin embargo, sigue intentando hacer las cosas lo mejor que puede en un mundo también caído, como el de tantas obrillas grimdark, pero en el que aún es posible encontrar bondad y belleza. A mí al menos eso me ha parecido más que suficiente como para animarme a leer el resto de los libros y jugar The Witcher 3.
En fin: sin ser aparentemente una obra maestra en la Fantasía ni mucho menos, la saga de Geralt de Rivia se muestra una excelente opción de lectura sencilla en el género, con ocasionales muestras de bella grandeza (el final del cuento “The Last Wish”, por ejemplo).
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 1 de enero de 2020, en el siguiente enlace.