Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Llegué a esta novela, la primera que leo de la autora George Sands (seudónimo de la francesa Aurore Dupin) porque su sinopsis en la edición de Alba comentaba que se apreciaba una “atmósfera de cuento de hadas”, pese a que la novela en sí es esencialmente costumbrista y ofrece un interesante retrato de la vida campestre, con algunas bellas descripciones bucólicas.
En efecto, hay algo de cuento de hadas en algunos de sus elementos: el trío protagónico, compuesto por dos gemelos de intensa relación y una muchacha torcida, por ejemplo, y acaso cierta narrativa de descubrimiento y cambio.
El mote del título remite, justamente, a esta chica, llamada Fadette. Esta palabra significa literalmente “hada” en francés, en un juego de palabras con su apellido real, Fadet. Vemos que, como suele suceder en ediciones españolas, por alguna razón los traductores rehúyen como la peste nombrar a las hadas y recurren a los subterfugios, mucho más aburridos, de la palabra “duende” (véase también la traducción de parte de The Celtic Twilight, de W.B. Yeats, en la edición Mitologías, publicada por Acantilado). En fin: taras de la pérfida Hesperia.
Nieta de una curandera, Fadette carga con ella el prejuicio local de realizar actos de brujería por sus conocimientos y (atención aquí) por su pobreza y fealdad generales. Es decir, por no ser normativa ni común. Pese a ello, Fadette emplea y se aprovecha de estos mismos rumores como una forma de defensa ante la crueldad de la gente, si bien, lejos de su natural coraje y sus chapuzas, es ante todo una muchacha desamparada y decente que trata de cuidar como mejor puede de su hermano menor.
Pese a que el título nos remitiría a ella como protagonista, en realidad la novela se centra ante todo en la compleja relación de los gemelos Landry y Sylvinet y luego en cómo la mayor presencia de Fadette desestabiliza poco su obsesiva unión. Landry es un joven también valiente, además de afable y maduro; Sylvinet, en contraste, es mucho más inseguro, enfermizo y melodramático, y desarrolla una angustia muy grande al ver que las circunstancias del natural crecimiento de ambos como adolescentes empieza a separarlos. En la medida en que Landry comienza a descubrir lo que se esconde tras la máscara huraña de Fadette, el celosísimo Sylvinet sentirá estos acercamientos como una forma de traición, lo que traerá todo tipo de conflictos sociales y familiares.
Como se ve, se trata de una novela muy sencilla en planteamiento, pero está escrita con gran aplomo y a mí me atrapó mucho. Me gustó cómo se construyó la relación de los gemelos a partir del necesario proceso de individuación, y de cómo justo este ocurre principalmente, aunque se trate de manera alegórica en la narración, a través de la intromisión de lo raro, lo féerico, lo anómalo: Fadette.
Esta también me ha gustado bastante como personaje, dentro de su aparente simpleza. Supongo que, hasta cierto punto, me vi reflejada en mi pasado adolescente: fea, pobre y receptora de escarnio social, y sin embargo con su “propio cuento” y su impulso de desestabilizar lo normativo. Mi Landry llegaría muchísimo después en mi vida, dijéramos, pero me pareció adecuada la forma en la que, pese a la brevedad de la obra, se fue construyendo la relación entre ambos.
Quizá me fue más problemática la idea de que Fadette, más allá de la razonable aceptación de su propia vulnerabilidad y de su reconciliación con su naturaleza femenina, debía “domesticarse” en algunos aspectos genéricos a fin de ingresar del todo en la sociedad y de que Landry pudiera acercarse formalmente a ella como mujer, pero claro, estamos hablando de una novela del siglo XIX. Por fortuna, a mí no me domesticó nadie, y aquí nos encontramos hoy, en Tierra de Fay~
Curiosamente, me he enterado de que esta novela, que tan cándida parece, fue incluida, en el mismo siglo XIX, en el Índice de los Libros Prohibidos del Vaticano. Leí que esto se debía ante todo al perfil personal y literario de su rebelde autora, lo que, además de ser muy curioso, nos recuerda que en realidad la candidez y la sublevación pueden ser más complejas que un mero contraste de polos opuestos.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 14 de enero de 2025, en el siguiente enlace.