Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Uno de los escasos trabajos importantes afines a la fantasía no comercial en nuestro continente, Kalpa Imperial es una obra que se sostiene en la tradición oral y el relato maravilloso para narrar diversos episodios asociados al Imperio Más Vasto que Nunca existió, a algunos de los que serían sus emperadores y emperatrices y a otros personajes de diferente alcurnia y de intrigantes historias personales.
Construida como una antología de relatos que a la vez se pueden leer como una novela fix-up, cada cuento (salvo por el último, del que hablaré más adelante) presenta la voz de un narrador indeterminado, que obviamente no es nunca la misma, tanto por la diversidad de episodios narrados como por diferentes acentos discursivos, pero que podría serlo, en la medida en que todas comparten la dispersión propia de las historias orales (en varios cuentos comenzamos en una parte, o pensamos que va a ir de cierta forma, y terminamos en un lugar muy distinto) y cierta unidad barroca (la prosa es muy contundente y florida).
No entiendo muy bien por qué en ocasiones se asocia este libro a la ciencia ficción, cuando la propia autora revela que una de sus motivaciones era crear su propia Las mil y una noches. Tampoco se puede omitir que en su dedicatoria incluye a nuestro J.R.R. Tolkien, y aun a Andersen. Tal vez sí pueda conceder cierta confusión con lo fantástico, por sus otros referentes literarios confesos: Italo Calvino y Jorge Luis Borges.
En efecto, se puede distinguir cierta errancia discursiva en algunos relatos que los apartan de la consistencia interna de la realidad más sólida de la fantasía, razón por la que quizá las historias que más me acomodaron fueron, acaso, las más “convencionales”: “Retrato del Emperador”, o “El fin de una dinastía o Historia natural de los hurones”. Otras me desconcertaron, en el mejor sentido de la impresión, porque esta dispersión narrativa conseguía, gracias a la pericia de la autora, una sensación de maravilla y éxtasis: “Así es el sur”, una lisérgica travesía, y, por supuesto, la extrañísima “La vieja ruta del incienso”.
En este último cuento, la voz narrativa de Gorodischer entra diegéticamente al relato, y lo transforma en una cosa tan rara que encontramos hasta alusiones (graciosamente camufladas) a la cultura popular de nuestro mundo primario. Esta es una historia que parece desentonar un poco respecto a la concatenación narrativa que se había logrado, con mayores o menores libertades, en los relatos anteriores. ¿Es una parodia, un juego intertextual, una metanarración? ¿Qué es? Tal autoconciencia es ambigua, aunque quizá sea a su modo coherente con una mirada de lo maravilloso posmoderno (1983, fecha de publicación original de la novela, no es tan, tan antigua como quisiéramos pensar): si lo maravilloso no tiene ni patas ni cabeza, como en el fondo aún creen despectivamente muchos teóricos de lo fantástico, bien podrían incluirse onomásticos de actores de cine en un universo como este.
Disquisiciones conceptuales tontas aparte, Kalpa Imperial me reintrodujo a la obra de Gorodischer, de la que ya había tenido un primer apronte, bastante más confuso, desde la novela epistolar Querido amigo. Ahora felizmente puedo decir que de su autoría me quedo no solo su prosa, sino también parte de su imaginario. Veamos si a futuro me animo con Trafalgar.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 14 de enero de 2025, en el siguiente enlace.