«El ritual / El último Don Quijote», de Marina y Sergei Dyachenko

4–6 minutos

​​Este libro contiene un binomio de novelas que en principio parecen muy diferentes. Se me ocurre que la editorial (un sello español independiente, especializado en cómic) decidió incluir El último Don Quijote por su referencia a la obra cervantina, como un guiño más cercano culturalmente. Sin embargo, he leído muchos comentarios de lectores españoles desconcertados ante esta inclusión, e incluso impresiones negativas ante este trabajo.

En lo personal, aunque el nexo no sea tan explícito ni efectivo como cabría de esperarse en el estreno de estos autores rusos en el mercado hispanoparlante, creo un Fantasista sabrá vincular ambas historias desde la exégesis imaginativa, y valorar lo que ambas ofrecen a su manera a la tradición que amamos.

El ritual es la novela principal del conjunto: una historia de fantasía romántica. Ajá, dirá algún incauto que no lee ningún libro que tenga más de cuarenta años (siendo generosos): romantasy. Pues no. Obviamente, las historias de amor en fantasía no se inventaron con esa desangelada categoría comercial. Esta novela, con todo, es bastante contemporánea (1996), e incluso se adaptó a un par de películas live action. Lo interesante de esta lectura, o al menos el efecto principal que ha tenido en mí como lectora, es el recuerdo de que una historia de amor no tiene por qué ser una narración autoindulgente, ni edulcorada, ni utilitariamente sexualizada, y que bien puede unir su dimensión imaginativa con la temática del amor romántico… o sus espinas.

Esta es la historia de dos seres marginadosYuta es una princesa fea e incómodamente curiosa, y Armand es el último vástago de un linaje de humanos dragones, lo que lo ha vuelto un hombre amargado y solitario. En un confuso incidente en el contexto del ritual del título, la forma dragonil de Armand termina raptando por error a Yuta, y su convivencia forzada con la joven, con la que a su pesar traza una pintoresca amistad, desencadena un viaje de descubrimiento en ambos.
Ya he mencionado anteriormente que una de las cosas que más me desagrada de ciertos exponentes del romantasy es la tendencia a que sus protagonistas sean seres normativos insufribles. Qué me importa a mí el amor genérico y teleseriesco de los normies; fuera de mi vida y de mis lecturas. Aquí, en cambio, Yuta y Armand son bastante extraños y autocompasivos, en varias ocasiones un tanto repelentes, y así su vínculo afectivo va creciendo a partir de sus sendas heridas y las formas insospechadas a las que cada uno va reaccionando ante las del otro.

Este componente romántico es uno de los aspectos más conseguidos de la historia, y bastante dulce leer. Por otro lado, vemos el progresivo desarrollo de la dimensión de fantasía, que comienza con las investigaciones de Yuta de las viejas inscripciones del castillo y que desemboca en un solitario peregrinaje de Armand en busca de respuestas en la memoria de sus ancestros.

Como contraste a estas bellezas, tenemos el gran retrato costumbrista de las miserias de la corte de los reinos. Aquí vemos una interesante deconstrucción del personaje tipo del “príncipe azul”, revelado como el imbécil que siempre ha sido en el mundo real. Con el tiempo, he llegado a creer que existe una calaña de hombres validados, a veces incluso muy populares entre muchas otras mujeres, que resultan particularmente crueles hacia las mujeres feas-no normativas-raras, y esta historia hace una feroz exploración de este modelo.

Por desgracia, la novela adquiere un tinte cada vez más triste hacia su cierre. De hecho, tiene un final abierto que, aunque parece poner varias cosas en su lugar (incluyendo al desgraciado ese; uf, lo odié tanto), podría dejar insatisfecho al lector que solo espere la reunión entre tan vapuleados enamorados. O al menos así ha sido mi caso como lectora. Pero al mismo tiempo agradezco el coraje de los autores por haber cerrado así su historia, en un triunfo moral suspendido que tocará a cada receptor completar en su imaginación.

La segunda novela está construida desde los moldes generales de las obras dramáticas, con muchísimo diálogo como desarrollo argumental. Como su título sugiere, se trata de una reescritura breve de la tradición quijotesca. En este caso, la premisa es que el personaje de Don Quijote se ha vuelto un arquetipo encarnado familiarmente, casi como un rito de paso. Pero el Don Quijote que conocemos en la historia es un hombre demasiado descreído ya como para aventurarse a tan ingratas lides. En paralelo, surge un complot en el seno de sus cercanos para hacerle creer que está trastornado, como corresponde a la maldición del personaje, y que por ello debe abandonar la mera idea de salida. En lo que el elenco intenta descubrir quién ha sido el responsable, la obra se abre a numerosas reflexiones sobre el idealismo, la imaginación y la valentía, en torno a nuestro querido y accidentado héroe de la Triste Figura.

Con un final mucho más esperanzador que El ritualEl último Don Quijote termina también en una nota abierta, que en parte remite al final del original cervantino y, acaso, a la elección de todos los Fantasistas.

Y cierro el libro pensando que desearía leer muchas más cosas en español del matrimonio Dyachenko.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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