Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Una de las primeras ideas que nos comparte esta pequeña narración, un cuento largo, es que esta historia “no es un cuento de hadas”. Pero no le crean: por supuestísimo que lo es. No estoy segura de si esta sentencia será un juego discursivo de su autor o una ironía (in)voluntaria, pero para el caso no importa. El correo del viento, escrito por el escritor chileno (específicamente, magallánico) Oscar Barrientos Bradasic, es un cuento de hadas literario y una historia de fantasía, algo siempre digno de celebración en estas tierras tan hostiles a la imaginación como mi patria, sobre todo porque, por su contexto de publicación (autor contemporáneo prestigioso, editorial literaria independiente), ha discurrido felizmente alejada de los circuitos de género/fandom.
Barrientos Bradasic ha desarrollado un proyecto poético centrado en los imaginarios de la Patagonia, con mayor o menor alcance no mimético, y con una prosa barroca muy pesada y distintiva, en tiempos en los que muchos narradores chilenos contemporáneos escriben como con plumas sintéticas. En esta pequeña historia, encontramos una muestra de ese trabajo, con un enfoque que potencia lo imaginativo y elimina otros elementos (a mi juicio, molestos) de la obra del autor, como las putas o ciertas ironías, que la acercan a convenciones más normativas. Quizá por lo mismo, la crítica no ha explorado mucho este volumen. Es gracioso leer algunos textos que se dan mil y un piruetas para cuestionar la idea de que esta narración pueda leerse como “literatura infantil”, o eludir lo muy obvio: que esta es una historia de fantasía.
Pero bien, ¿de qué va El correo del viento? En la aldea imaginaria de Ospanost de la real Puerto Natales, en el extremo austral de Chile, el viento es una fuerza tanto energética como mítica. Destaca en particular la figura idiosincrática del cartero de Punta Arenas, el joven Faustino, que con un traje y un equipamiento acondicionados puede desplazarse por las ventiscas para llevar las misivas a sus destinatarios opasnicenses, entre los que se encuentran representantes de diferentes órdenes sociales, como la misma obra lo explicita: el ornitólogo Mike por la ciencia, el padre Alamiro por la iglesia, el carabinero por el orden público y la joven Sofía por el amor.
Es el ornitólogo quien empieza a introducir a Faustino a la maravilla: gracias a sus labores aéreas, le pide ayuda a encontrar al zarapito boreal (Numenius borealis), que debería avistarse por esas tierras en sus recorridos migratorios. Lo interesante del caso es que esta especie en particular está prácticamente extinta en el mundo real, pero en el contexto de la historia parece apenas un pajarito difícil de encontrar.
Cuando Faustino se ve inmerso en una tormenta en su viaje de regreso y cree avistarlo, lo que posteriormente desencadena un accidentado aterrizaje forzoso, la obra se abre al fin a la fantasía desde determinados elementos temáticos, funcionales y estructurales asociables al cuento de hadas. Entre ellas, podemos considerar los sendos encuentros con una enigmática figura femenina encantada que funge como guía y con el rey árbol Lengocio, cuyo corazón ha sido arrebatado físicamente (¿Les suena «El corazón del gigante» de George MacDonald, o el corazón de Tubba Bubba en Paper Mario 64?) y que ahora vive condenado a una constricción de su verdadero poderío. Pero ante todo, destaca aquí un aspecto ideológico: la tensión entre modernización extractivista y armónica tradición originaria.
Esta podría leerse como una historia de ecocrítica, que emplea las (renegadas) formas del cuento de hadas para situar la naturaleza devastada como guardiana de la memoria de una localidad, en contraste con los violentos impulsos civilizatorios extranjeros, encarnados en la figura fundadora del advenedizo Dražen Smiljanovic, que amoldan el territorio chileno hasta volverlo apenas paisaje utilitario. En tal contexto, solo la fuerza naturalmente avasalladora del viento ejerce como resistencia, dificultando tanto el progreso como la vida en la zona.
Y es también el viento acaso el verdadero protagonista no humano de este cuento, descrito bella y barrocamente tanto en su naturaleza como en sus efectos en los seres que reciben ya sea sus arremetidas o sus caricias. Gracias al cuidadoso trabajo prosopopéyico que la narración realiza del viento, podemos restablecer en nosotros esa sensación de que este sí tiene una voz legible y autónoma, más allá del lugar común poético, algo que a cualquier Fantasista le remitirá enseguida a la propiedad de renovación tolkeniana de esta estética.
Aunque pretendo seguir pensando en posibles lecturas interpretativas del rechazo a la identificación con el cuento de hadas en esta breve narración, sí quisiera destacar esta idea, presente casi en el desenlace del relato: “No siempre la historia será escrita por la disputa entre reyes o en base a la fundación de un pionero. A veces la fe de los obstinados adquiere nuevos dibujos y formas”.
¿No es este parte del verdadero espíritu de la fantasía, justamente como la única literatura capaz de concretizar aquella “fe de los obstinados”?
Si amas el viento, los pájaros, los pueblos abandonados y, por qué, no la labor más simbólica de los carteros, El correo del viento es una obra que podría ayudarte a redescubrir nuevas posibilidades de enunciación e imaginario de los cuentos de hadas literarios chilenos.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 14 de enero de 2025, en el siguiente enlace.