«Aguafuerte», de Simón Soto

3–5 minutos

​​Simón Soto es un autor chileno con una incipiente trayectoria en un realismo crudo e histórico, que Aguafuerte continúa desde la tradición del western criollo, ambientado esta vez en la Guerra del Pacífico.

La obra contiene dos partes bien diferenciadas. La primera presenta, de maneras no cronológicas, la vida y peripecias bélicas de Manuel “Mañungo” Romero, un hombre sencillo que termina participando como soldado de la toma de Pisagua y que luego se ve orillado a una búsqueda del legendario líquido que titula la novela, supuestamente capaz de obrar milagros y tragedias.

La segunda parte recae en la narración de Luis Sanhueza, otro joven conscripto de aquella contienda, esta vez ya viejo, quien cuenta a una audiencia sus aventuras y desventuras en semejante contexto desde su propio punto de vista, con un relato lleno de recursos idiosincráticos y artificiosos. Ambas partes se conectan también desde la aparición de un sombrío personaje conocido apenas Espanto, quien ejerce como un señuelo sobrenatural, acaso diabólico, que nunca llega a concretarse del todo en la obra.

Esta es quizá mi gran desilusión con la historia de la novela, porque la inclusión de estos elementos, simbolizados en el aguafuerte como correlato sacrílego del Grial, no termina de entenderse en términos de coherencia interna. En todo caso, se trata de un problema de expectativas personales, porque fuera de ello me ha parecido interesante y arriesgada la estructura de la novela, poco complaciente respecto a la linealidad quizá esperable en una narración presuntamente histórica, y que aporta más preguntas que respuestas o satisfacciones.

La prosa de Soto también me ha gustado mucho: es muy densa y lírica, a veces de maneras agradablemente exageradas, en contraste con la abulia de otros prosistas contemporáneos. Baste para ello leer el prólogo de la novela, una especie de delirio blasfemo que entronca con la leyenda del aguafuerte, aunque inicialmente el lector no entienda mucho de qué va la cosa (tampoco es que vaya a entender mucho más al final, en todo caso, pero eso no importa).

Este trabajo prosístico incluye, por cierto, el retrato metafísico de la introspección de algunos personajes y el retrato físico de los territorios atravesados, así como el detallismo grotesco de las diversas masacres bélicas y sus consecuencias en los cuerpos humanos de los soldados: un gore estilístico. Curiosamente, también incluye un aspecto que al menos a mí me resultó inesperado y valiosísimo: la descripción pormenorizada de diversas comidas o menjunjes típicos chilenos, lo que ayuda mucho a situar sensorialmente al lector en el imaginario histórico recreado, con todas sus licencias.

Ahora bien, esta obra de Soto, pese a este componente histórico que he referenciado constantemente, ofrece ante todo una especie de estética de la violencia en general, de la que la bélica, en nada romantizada aquí por el patriotismo, es ciertamente la más notoria. Violento es también, por ejemplo, el trasfondo juvenil de Romero como peón e hijo de peones, y la pobreza a la que se ve sometido posteriormente cuando intenta establecerse como un hombre de familia.

En otras reseñas que he leído sobre la novela, se han mencionado diversos intertextos (o lecturas dialogadas) con películas, pero como yo no veo casi películas, no me interesa eso. Sí me ha atraído el intertexto bíblico blasfemo, aunque creo que, justo por eso, la novela se hubiera fortalecido en una aproximación más valiente (o sea, explícita) al mito y lo sobrenatural, en lugar de dejarlo como una estela. En ese sentido, podría haber recorrido el camino de otra novela con la que la podría emparentar: Dios duerme en la piedra (Fiordo Editorial, 2023), del chileno-argentino Mike Wilson, que no reseñé porque no me interesó tanto como esta, pero que podría resumir ahora como un walking simulator de western posapocalíptico que deviene en horror cósmico.

Pero en fin: cada obra nace según su propio impulso, y el autor tendrá claro por qué prefirió dejar lo numinoso retorcido apenas como una sugerencia; ¡qué tengo que venir a decirle yo cómo debería haber sido su novela para que a mí me gustara más! Así como está, ya me ha parecido muy interesante y destacable.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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