Edith Nesbit y Lewis Carroll

5–7 minutos

He estado estudiando papers y capítulos de libros sobre Fantasía infantil victoriana-eduardiana. Como es obvio, el nombre de Edith Nesbit es una presencia destacada en estos estudios. Nesbit fue una genial autora de Fantasía de la época, un referente de crucial importancia tanto para la literatura infantil en general como de la Fantasía en particular.

La cosa es que, en uno de esos textos académicos que revisaba (ya no recuerdo cuál), me topé con un comentario, casi a la pasada, que me ha dejado pensando. De manera parafraseada, la idea era que tanto Lewis Carroll como Edith Nesbit eran autores descollantes, pero que en realidad solo Nesbit había creado una escuela sobre cómo escribir determinada Fantasía infantil.

Y algo me hizo clic en la mente: ¡es cierto!

Algo que siempre me ha llamado la atención, en cuanto a la apreciación de la bilogía de las aventuras de Alicia, es que la academia y el mundo cultural latinoamericanos valoran al personaje, al autor y sus novelas, a veces incluso en contextos en los que la literatura infantil y juvenil como concepto es despreciado o mirado con condescendencia. Sin embargo, esa valoración no se extiende a la tradición de la Fantasía infantil que se forjó a partir de la herencia victoriana-eduardiana. Un fenómeno que me recuerda a lo que apuntaba en mi ensayo sobre la apreciación de J.R.R. Tolkien (ensayo que pueden encontrar en su versión definitiva en La añoranza feérica): es como si el autor se concibiera en el vacío.

Solo que, en este caso, ahora se puede entender este aislamiento desde el legado del propio Carroll, cuya específica rama de humor y absurdo en la Fantasía no parece haber tenido tantos epígonos nítidos como cabría de esperarse, considerando el hito de sus novelas infantiles. Esto favorece el pensamiento en la obra de Carroll, sobre todo desde Letras Hispánicas, como como una suerte de excepción en el panorama de la LIJ.

Lo sorprendente del asunto es que Edith Nesbit sí tiene una estela tremenda como autora infantil de Fantasía, contando con herederos tan insignes como C.S. LewisRoald Dahl Diana Wynne Jones, todos además tributarios confesos de su trabajo.

Confieso que no termino de entender por qué entonces Nesbit es muchísimo menos conocida por estos lares que Carroll. Se me ocurren algunas hipótesis, sin embargo.

La primera es de índole práctica y guarda relación con la aparentemente accidentada traducción de las obras de la autora. Hasta donde alcanza mi conocimiento, en el Cono Sur solo se editaron algunos trabajos de ella a través de la desaparecida Editorial Andrés Bello, y además en su sede argentina, con las traducciones de la escritora Márgara Averbach. En España y Latinoamérica en general, han surgido algunas otras ediciones, pero todas las que he descubierto son de editoriales independientes, que aquí (cuando se encuentran) se consiguen a precios más bien altos. Supongo que la dificultad de circulación vigente de estas obras en español atenta contra su conocimiento y lectura, en comparación con las muy ubicuas novelas de Carroll, que incluso se leen a veces en los planes lectores.

La segunda hipótesis es más ideológica.

Hace unos años, una escritora chilena escribió un ensayo titulado “Nunca quise ser Alicia”. El texto compartía algunas de sus impresiones y recuerdos como niña y joven lectora, y luego como adulta escritora. Sin embargo, el fragmento que me interesa es el siguiente:

Honestamente, confieso que nunca quise ser Alicia. Es más, siempre me pareció escalofriante la perspectiva de que el mundo ocurriera al otro lado del espejo. Que, de pronto, existiera la posibilidad de despertar en un mundo loco. Yo no quería un mundo loco, yo quería entender por qué el mío era una demencia: comprender el gris; por qué mis padres hablaban a puerta cerrada; por qué nuestras preguntas quedaban suspendidas en un silencio incómodo; de qué palabras estaban hechas sus miradas de costado. […]

Este párrafo siempre me pareció loquísimo, más que cualquier disparate que se encontrara la Alicia de Carroll. Y no lo digo por la fantafobia expresa, ese inexplicable miedo de llegar a un mundo secundario (“Why are Santiaguinos afraid of dragons?”, etc). Ni siquiera por el hecho, obvio para cualquier Fantasista, que una forma estupenda de conocer el gris del mundo primario es a través del arco iris que lleva a Faërie.

Lo digo porque, si volvemos a la obra de Carroll, descubrimos que lo que describe esta autora chilena es como otra forma de ser Alicia.

Porque la Alicia de Carroll era ante todo una niña curiosa, pero muy, muy racional, que buscaba imponer su sentido de lógica un mundo secundario (el País de las Maravillas, el Otro Lado del Espejo) construido con base en retazos de absurdo y de sus propias reglas de funcionamiento interno. A tanto llegaba esta obcecación que, si el lector recuerda, ambas novelas terminaban cuando Alicia se enfrentaba a las sendas autoridades de estos entornos, destruyendo de golpe su tejido onírico.

Entonces, retomo el planteamiento original: en Hispanoamérica, al mundo académico y cultureta le interesa Alicia porque refleja sus propios impulsos de desesperada racionalidad (sic) ante la maravilla alocada que sugiere la Fantasía. Si bien Nesbit aporta bastante lógica a sus propias historias de Fantasía de portal, su tratamiento es más sofisticado desde su propia consistencia, y quizá eso también se le resienta a estas personas.

Como he dicho, son apenas hipótesis.

Aunque quien no me conozca pueda pensar lo contrario, en realidad yo adoro las historias de Alicia, sobre todo Al otro lado del espejo (siempre me gustó el ajedrez, pero mis capacidades intelectuales no están a la altura de este interés). Mientras más vieja me pongo, creo que menos me llevaría con ella (¡qué es eso de solo valorar libros con ilustraciones!), pero me sigue pareciendo un personaje fabuloso, justamente por lo que supone insertar a alguien que arrastra su propio delirio en un mundo que exhibe una locura aparentemente incompatible. Además, por fortuna, Alicia en sí misma es bastante rara, lo que contribuye a azuzar los conflictos de las obras sin caer el incordio de estar leyendo las desventuras de una normie en un mundo de Fantasía.

Por consiguiente, no eliminaría jamás a sus historias del canon. Pero sí quisiera concederle más espacio a Nesbit y a sus propios relatos, sobre todo por la urgencia de arrancar la raíz fant- del onirismo surreal que sugieren los imaginarios de Carroll y devolverla a donde pertenece, a la Fantasía: historias en las que aparezcan dragones y criaturas feéricas varias, aunque sea para entorpecer el ya muy anormal mundo de la Inglaterra victoriana.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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