Saga «Historia de los cuatro rumbos», de Márgara Averbach

3–5 minutos

​Luego de conocer la curiosa Fantasía de la autora en novelas autoconclusivas (comenté Magias ajenas en mi cuenta de Instagram), tenía muchas ganas de conocer su incursión en esta estética bajo la forma de la saga. Un aspecto que no me terminaba de cerrar de sus propuestas narrativas tenía justamente que ver con la brevedad de sus novelas, que me impedían encariñarme con los personajes y sumergirme bien en sus respectivas aventuras o búsquedas. Me preguntaba si, de contar con más extensión de desarrollo, este aspecto se vería de alguna manera subsanado. Y sí: la respuesta ha sido afirmativa. Ya contaré.

La saga Historia de los cuatro rumbos (2004 – 2009) aborda una lucha intercontinental para salvar un mundo secundario articulado a partir de los cuatro puntos cardinales: oeste, este, sur y norte. Cada novela se centra en uno de los conflictos que asola cada lugar, a partir del viaje de los cuatro protagonistas iniciales, que parten de la occidental Alera y que van recorriendo todo el mundo juntos. Por supuesto, todo surge en principio como un misterio sobre la decadencia de su entorno, y ello los lleva a un extenso viaje, en el que conocen y se unen a diversos personajes.

Así, Los cuatro de Alera (2004) nos presenta el nacimiento de cuatro nuevos magos (Lunte, Emelda, Zana y Damla), la particularidad del escaso poder de magárbol de Damla y su distancia de su maestro Aúnte, antes de decidir emprender un periplo junto a sus amigos para salvar su mundo. La Madre de Todas las Aguas (2006) nos lleva al Este, al Collar de Perlas, donde conocemos el conflicto entre la sapiencia de los científicos y la magia orgánica de los legos, que ha propiciado la decadencia de su fuente mágica. El Lugar donde Nacen las Palabras (2008) nos arrastra al sur, donde nuestros protagonistas luchan para rescatar al continente de Horizonte Oblicuo y su gente esclavizada de la dominación del norte. Y, por último, El otro lado de la grieta (2009) nos lleva a este último punto cardinal, a la tierra del Lomo de Lampala, donde nuestros héroes se unen al movimiento revolucionario Ráfaga para derrocar la tiranía mágica imperante.

Dos elementos característicos de la Fantasía de Averbach se relacionan con el extremo lirismo de su prosa y su conciencia colectivista de sus personajes y, claro, de la propia magia.

El efecto de la prosa de la autora no lo vemos muy a menudo en la Fantasía contemporánea. Si pudiera describirlo de una manera extraña e idiosincrática, diría que se parece a la sensación del post rock, respecto al power metal: se comparten los instrumentos, pero la composición y las capas sonoras y semánticas son muy diferentes. Las imágenes poéticas que conjura la narración y la delicadeza que subyace tanto a las etéreas descripciones físicas como a la interioridad de sus personajes, crean una sensación cálida y a la vez lejana. Decisiones tan sencillas como crear fórmulas específicas de nombre para cada continente (y que a la vez estén entrelazadas entre sí) contribuyen a crear una experiencia de extrañamiento inmediata.

Algo similar ocurre con su concepción de magia: desde verbos rectores que marcan su sentido a actos que se relacionan con el viaje o la comunicación, hay una organicidad comunitaria que atraviesa todo poder en los personajes, que en su faceta protagónica resultan ser bastantes hacia el final de la saga. Aunque siguen construyéndose más a través de la sugerencia, podemos verlos mucho más tiempo en una historia más larga como esta, y conocer así sus pequeños arcos de desarrollo, sus amores y desamores y sus pulsiones personales. Esta experiencia múltiple me recordó, más que a novelas río tradicionales, a la de JRPGs como Final Fantasy 6, en la que el protagonismo, aunque se enfatice en ciertos personajes, es más bien una visión que se construye entre todos los personajes.

Un último aspecto específico de esta serie que quisiera destacar es la crudeza y tristeza que comienzan a apoderarse de ella a medida que avanzamos en los libros. Desde la formación de los magos y un conflicto más localizado con un maestro pasamos progresivamente a luchas sociopolíticas, y a gente cada vez más abrumada por la degeneración moral que ha acarreado, como consecuencia, la decadencia de la magia libre. Es una transformación anómala que se agradece, sobre todo considerando que estos libros se publicaron en la colección escolar de El Barco de Vapor de Argentina, hacia una franja etaria de a partir de 12 años.

Estos libros no parecen ya muy sencillos de adquirir, pero son muy recomendables para conocer tonalidades menos normativas de Fantasía infantojuvenil.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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