«El mundo donde habito», de Jorge Teillier, y «Ensayos reunidos», de Raúl Zurita

3–4 minutos

Haré trampa comentando estos dos libros juntos, pues comparten un aspecto esencial: ambos son compilaciones ensayísticas de dos de los poetas más importantes de Chile, uno (Teillier) ya fallecido y otro aún vigente (Zurita), incluso al punto de ser nombrado como un potencial candidato al Nobel de Literatura. Más importante aún, para mí, es el hecho de que ambos poetas exhiban un forma de escribir poesía (y, por extensión, ensayo) que conecta con los principios de la Fantasía, confirmando una vez mi clásico lema de que, en tiempos en los que la comercialidad domestica tanto la imaginación, a veces se puede encontrar más espíritu de Fantasía en obras que en principio no tendrían nada que ver, al menos en términos mercantiles, con ella.

El mundo donde habito compila prácticamente la totalidad de textos no ficcionales de Teillier, agrupados en temáticas diversas. Por supuesto, las que más me interesaron a mí fueron las explícitamente relacionadas con literatura y poesía, partiendo por su emblemático ensayo «Los poetas de los lares», que podríamos casi leer como una cuasi poética de Fantasía, sobre todo por su bellísimo desenlace. Gracioso al respecto es evidenciar que, de hecho, Teillier había leído Fantasía, y no solo cuentos de hadas: el nombre de Lord Dunsany aparece como unas tres veces, y eso me hizo muy feliz por razones inefables.

También destaco el recorrido que hace Teillier de sus pares de la época, muchos nombres de poetas chilenos mayormente olvidados y que sobreviven en PDFs de dudosa calidad de Memoria Chilena o reediciones casi de nicho. Esa letanía de poetas tiempo ha muertos es en sí misma como un poema inesperado, muy a tono con la cadencia medio fantasmagórica de los propios poemas del autor sureño.

En cuanto a los ensayos de Zurita, lo que más me impactó de ellos fue la belleza de su prosa, que muchas veces acerca a las lágrimas. Es ese el tipo de prosa que me gustaría abordar en mis propios ensayos. El contenido que transmiten estas palabras pulidas no deja de ser a su vez fascinante, pero no ya por sus temas en sí mismos, sino por los enfoques con los que el autor los desarrolla: la poesía misma, la tradición poética latinoamericana, la redención desde el arte, la humanización de nuestros corazones amenazados por la brutalidad. Todo parece justamente humanointenso sacro desde las palabras de Zurita, como tendría que serlo siempre.

Es importante recordar que Zurita fue detenido y torturado en el contexto de la dictadura militar de Chile, por lo que su expresión de la esperanza poética (por llamarla de alguna manera limitada y cursi) se vuelve aún más bella, trágica y quizá hasta desconcertante. Incluso, en uno de sus ensayos no antologados en este libro, el autor aboga por el perdón de los torturadores, lo que naturalmente originó críticas. Acaso, siguiendo la idea que se comenta en el prólogo, el “ateísmo católico” de Zurita, expresado tanto en sus poemas como en sus ensayos, nos ayude a una comprensión diferente de nuestra propia espiritualidad, o de la ausencia de ella en nuestra vida.

Como sea, estos dos libros, editados el mismo 2023, nos resignifican el cliché de “Chile, país de poetas”. Y a mí al menos me hacen pensar, sumándolos a la increíble obra de autoficción de Héctor Hernández Montecinos (discípulo de Zurita, además. Destaqué dos de estos libros en esta entrada de lecturas destacadas de 2020), que los poetas chilenos escriben mejor prosa que los narradores.

Y que, por supuesto, sí: hay más Fantasía en este tipo de poesía y de reflexión sobre ella que en cualquier narrativa local instrumentalizada de género.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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