«Nosotros, los ahogados», de Carsten Jensen

3–4 minutos

​​Uno de mis grandes descubrimientos del año fue la novela Nosotros, los ahogados (2006), de Carsten Jensen. Aunque quizá este fue el más inesperado, en la medida en que no había nada imaginativo (en principio) en una obra como esta. Sin embargo, uno de los realismos que más disfruto es, precisamente, el decimonónico, con vuelcos hacia la aventura, pues es ese marco indómito el que estimula mi imaginación. Claramente, el tratamiento de realidad de esas obras se aleja mucho del realismo contemporáneo que me peor me sienta, y me lo acerca más a mi sed de viajes y desafíos de la Fantasía más odiseica.

Nosotros, los ahogados es una propuesta contemporánea según el estilo y la forma de este tipo de obras a las que he aludido, de autores como Jack London, Herman Melville o Joseph Conrad. En sí, ofrece la historia de la ciudad portuaria de Mastral, en Dinamarca, a lo largo de tres generaciones centradas en la familia Madsen: Laurids, el padre, Albert, el hijo, y Knud Erik, el protegido de este último. Cada sección de la novela, sin embargo, aborda un enfoque diferente para presentar el progreso (o decadencia) tanto de la ciudad como de sus personajes, hasta el punto en que podía sentirse cada uno de estos apartados como una suerte de novela autónoma, de un género diferente, que pueden ensamblarse entre sí para redondear una historia más abarcadora. Así, desde las guerras de los adultos a las travesuras y crueldades del mundo infantil, pasando por verdaderas peregrinaciones marinas y complejas discusiones socioeconómicas o románticas, esta historia parece pertenecer a aquella categoría de “novela total”, en la medida en que es extensísima, tiene muchísimos personajes que van creciendo en el tiempo y en el que variadas expresiones de la vida humana parece tener cabida en ella.

Me encantan las historias de marineros y del mar, porque pertenecen a un mundo anacrónico y muy masculino que no podría estar más lejano a mí. El mar y su cultura en sí mismos se codean protagonismo con la propia Mastral, ciudad que al mismo tiempo crece y decrece según el progreso y la mirada que le asignemos a este.

La narración de Jensen es una maravilla que contiene y potencia todo esto. No solo ajusta su tono a lo narrado; también tiene el mérito de ofrecer una prosa que sabe ser dura cuando lo necesita, pero que también se abre a la introspección y a la ocasional belleza, sin florituras innecesarias. La disección sicológica de su galería protagónica me pareció buenísima, pues conocemos diversos prototipos de caracteres y cómo estos se enfrentan, a sus propias maneras, según sus propias ideologías, a un mundo cambiante.

Al respecto, me pareció particularmente llamativo el tratamiento de Klara, la madre de Knud Erik, pues su cruzada personal contra el ethos marino está abordado de una manera feroz. Un problema habitual de estas historias muy masculinas es que los personajes femeninos suelen resultar insuficientes, tributando a la mirada reduccionista y genérica que suelen tener algunos hombres hacia las mujeres. Aunque Nosotros, los ahogados sea una novela ante todo sobre hombres, y aunque su retrato de algunas figuras femeninas sea normativo, personajes como Klara al menos esbozan el drama interior de una mujer joven que recurre a los tejemanejes del poder socioeconómico e intelectual para atacar aquel destino masculino que ella tanto aborrece: el de los marinos perdidos en el mar, y los restos de sus familias huérfanas, mutiladas, sufrientes.

Es esta una novela preciosa, en ocasiones graciosa, dura y triste, como la vida misma. En tiempos en los que el oficio marino parece cada vez más una anomalía, además de su distancia sexista, me parece una estupenda oportunidad para aproximarse a su otredad desde una obra soberbiamente escrita y un estupendo testimonio de lo que puede lograr el realismo contemporáneo cuando deja el narcisismo estético a un lado.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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