Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Qué dolor esta novela. Sabía que me enfrentaría a una obra difícil al saber que trataría del bullying, pero me impactó igualmente, tanto por la crudeza física de ciertas escenas (atención, lectores muy sensibles) como por las filosofías subyacentes a algunos personajes.
En esta historia, conocemos la extraña amistad, primero epistolar y luego presencial, entre dos jóvenes víctimas de abuso de parte de sus compañeros de curso: el narrador, agredido por ser estrábico, y Kojima, agredida por su aspecto zarrapastroso. Supongo que hubiera sencillo abordar esta premisa de una manera más genérica, que se hubiera concentrado justo en los gatillos emocionales, pero Heaven hace otras cosas. Te emociona y te deja mal, en el suelo, pero a través de otros recursos narrativos.
Primero, sorprende la lucidez introspectiva del narrador. Con una voz sólida y muy profunda, sin sentirse nunca demasiado sofisticada o quejumbrosa, conocemos el intenso transcurrir mental del personaje mientras experimenta agresiones, las ve en Kojima, o cuando está con ella en escasos momentos de privada paz. Aunque conocemos algo de la vida familiar del narrador, vemos que, salvo quizá hacia el final, está bastante solo. Entiende que no puede revelar estas situaciones, o que quizá no tiene las palabras para darle forma. Al respecto, la novela trabaja muy bien ese efecto que he visto en otras historias japonesas, no necesariamente literarias: crear la ilusión del colegio y sus redes como un espacio cerrado y autorecursivo, un microuniverso o parasociedad, en el que no parece poder penetrar nada ajeno, aunque sea salvífico.
Por otro lado, tenemos a la enigmática Kojima, quien ha adoptado la suciedad y descuido corporales como parte de su ideología íntima, por una historia familiar personal. Kojima es una joven que busca recargar de sentido todo lo que tiene a su alrededor, incluyendo su amistad con el narrador, a veces de maneras excesivas. Su búsqueda de una exégesis de la agresión es terrible, porque suena demasiado cercana, aunque sus conclusiones resulten distantes en su propia abnegación. Me ha parecido un personaje aterrador a su manera.
Gracias a ella, se entiende mejor entonces el contraste que se crea con la ideología de Momose, uno de los matones del narrador, quien en un momento le comparte, con escabrosa tranquilidad, sus motivaciones para agredirlo junto con sus compañeros. Sería tentador identificarlo como una persona con un trastorno de personalidad antisocial por sus palabras, pero la narración nos muestra que hay una complejidad mayor al diagnóstico sicológico concreto y que solo es posible por el arte, la literatura: acaso, cierta banalidad (estilizada) del mal. Donde Kojima recarga sentido, Momose lo difumina, y en esos dos polos terrible oscila el discurso de la novela.
Kawakami ha hecho un trabajo impactante con esta obra, y me ha dejado algo rota. Una buena fractura, por lo demás, pero tan, tan dolorosa.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 8 de enero de 2024, en el siguiente enlace.