«El castillo a través del espejo», de Mizuki Tsujimura

3–4 minutos

El castillo a través del espejo (2017), de Mizuki Tsujimura, es una novela juvenil tiernísima cuya experiencia de lectura me supuso el reverso de Heaven. Ambas abordan los temas del acoso escolar, la sensación de no calzar con tus pares (impuestos por contexto) y el delicado encuentro con otros jóvenes que están pasando por algo similar, pero obviamente el marco de Fantasía de esta otra historia le da un matiz de esperanza y dulzura ausente en la anterior.

La premisa de esta novela parece más familiar a un animé isekai o una novela ligera que una Fantasía de portal tradicional: Kokoro lleva mucho tiempo recluida en su pieza, ausentándose del instituto, por un suceso de acoso ambiguo que la deja traumatizada. Un día, el espejo de su cuarto se ilumina y se ve transportada a un castillo, donde encuentra a otros seis niños. Entonces una chica con una máscara de lobo les cuenta que han sido invitados a participar de la búsqueda mágica, extendida durante un año, de una llave que puede cumplir un deseo. Nuevos matices a estas reglas se irán relevando con las páginas.

Pero la novela pronto desplaza el interés en la exploración de este castillo o en su mera naturaleza (al menos en sus dos primeras partes) para ahondar en las vidas e interacciones de los siete adolescentes reunidos, que son muy diferentes entre sí. Pero todos comparten, además de la búsqueda, secretos dolorosos que poco a poco los van acercando íntimamente como amigos.

En principio, la naturaleza de Fantasía de la obra es un tanto ambigua. Pareciera ser que el castillo actúa como una suerte de mundo secundario liminal, cercano a la alegoría, para permitirle a los chicos un espacio seguro donde conectar y comunicarse. Porque ese es uno de los méritos más apabullantes de esta novela: la extrema delicadeza y precisión con la que la narración, muy sencilla en su prosa pero profunda en sus alcances, desentraña la sicología de un adolescente acosado y que se siente en falta ante el mundo. Todas esas vulnerabilidades y ansiedades están ahí, sobre todo en el foco en Kokoro, una joven muy sensible y aguda y que mira con cierta distancia el mundo adulto (con razón). Con el tiempo, vamos conociendo que los otros chicos también tienen sus trasfondos de pérdida e incertidumbre.

Sin embargo, la Fantasía saca la voz hacia el último tramo de la obra, para atar muchos cabos argumentales que parecían sueltos. De pronto, cada pequeño elemento que en ocasiones parecía fuera de lugar y sobre el que los personajes reflexionaban encuentra su posición adecuada en el entramado narrativo. Incluyendo, felizmente, los paratextos con los cuentos de hadas, que en principio parecen más guiños intertextuales o recursos cognitivos que usan los chicos para tratar de entender qué esconde en realidad la existencia del castillo. 

Así que sí: no se dejen engañar. Esta es una novela de Fantasía, aunque el foco parezca en principio más realista o alegórico. Nada de la belleza catártica del final habría sido posible sin un bellísimo acto subcreador y su consecuente acto eucatastrófico.

En suma, una preciosa historia que entibia el corazón y que recomiendo a todo lector que ame y entienda el poder de la Fantasía, que haya sufrido por la crueldad gratuita de otros en el colegio, que haya deseado alguna vez tener un grupo de amigos variado y fiel como en los animés y que haya derramado sus lagrimitas con la escena del sombrero de Mimi girando al final de Digimon Adventure.

(La novela tiene una adaptación a manga en cinco tomos, publicados en español por la editorial Milky Way. También tiene una adaptación a película animada, que espero con mucho entusiasmo llegar a ver).

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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