Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Este libro es un compilado de ensayos divulgativos y académicos sobre diversas formas que ha desarrollado la poesía del sur de Chile, por lo que se puede leer a su vez como una especie de mapa en un sentido tanto simbólico como estrictamente territorial, y quizá aún (paradójicamente) narrativo.
Es posible que este descomunal trabajo haya estado ante todo orientado a académicos dedicados a esta línea de investigación o a poetas pertenecientes a esta tradición. Las razones por las que una persona tan aparentemente ajena a estas cosas como yo está recorriendo este tipo de parajes son aún ambiguas, así que omitiré su comentario. Sí diré que la lectura de esta obra me ha fascinado por el mundo que me ha descubierto, tanto desde un nivel netamente interpretativo como a partir de la poesía misma estudiada y, claro, por las ricas visiones de este gran territorio heterogéneo que conocemos meramente como «sur» y en el que de momento, por circunstancias personales, se ha vuelto ahora también mi territorio.
La obra se presenta en sinopsis y críticas desde la necesidad de cuestionar el retrato idealizado de la noción de lar de Jorge Teillier, así como de desromantizar lo que podríamos denominar aquí, siguiendo ciertas campañas de márketing, como «la magia del sur». La verdad es que no entiendo la obsesión por desmarcarse de lo lárico, incluso en su versión más genérica, ni por qué la idea de una desmitificación sería algo tan horrible como los académicos la pintan. Es evidente que una lectura más atenta de estas visiones poéticas dan cuenta de que no se trata de alabar el sur como postal idílica. Me parece sumamente obvio pensar que parte del encuentro con la «belleza de lo natural» (para decirlo de una forma explícitamente cursi) es también asumir una postura política ante la depredación neoliberal que la ha degradado cada vez más, apartándonos además de sus raíces culturales de nuestros pueblos originarios y sumiendo a la población que no logró subirse al carro pirata de la modernidad latinoamericana en una precariedad repudiable.
Construir mitos (de hecho, curiosamente, Mansilla usa el término mitopoética una vez, en la introducción) debiera ser también una forma de reapropiación salvaje de todo lo que nos ha sido arrebatado. Y así también puede (¿debiera?) entenderse el lar, y así también parece plantearlo indirectamente el autor en sus ensayos.
Entre algunos puntos muy disfrutados de este trabajo destaco la recepción del concepto de suralidad, acuñado por el poeta Clemente Riedemann; la insistencia en la manera en la que algunos (conquistadores o compatriotas poderosos) han socavado el territorio; los cruces culturales entre localidad e inmigración; los vívidos y variados imaginarios sureños, desde los chilotes a los patagónicos; las inserciones de la experiencia personal del autor como sureño y como poeta y la figura simbólica y concreta del viento como imagen poética.
Desde luego, no todos los poemarios estudiados me han interesado, pero tampoco lo esperaba. Hay algo extraño en ciertos trabajos académicos que terminan suplantando la obra analizada, de manera que es la lectura propuesta la que ocupa el foco. Creo que este es uno de esos casos, pero no me resulta molesto. Como dije, vine a este libro por razones tan diversas y entrelazadas entre sí como la maraña de doseles de un bosque, y me volví con algunas semillas inesperadas pegadas a los zapatos. Veamos qué sures nacen de ellas.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 3 de enero de 2022, en el siguiente enlace.