«Realismo capitalista», de Mark Fisher

3–5 minutos

Este es un libro desgarrador, y el hecho de que su autor se suicidara tras largos procesos depresivos no hace sino encuadrar la sensación de asfixia de esta obra.

Fisher aborda en este ensayo la idea de que el capitalismo no sea ya presentado como la presunta «mejor» alternativa, sino como la única posible, y lo que ello podía implicar: una depresión de origen sistémico antes que meramente personal o bioquímico, una espiral burocrática sin fin que difumina responsabilidades en ámbitos educativos o laborales, o que incluso las pretensiones antisistémicas estén contempladas dentro del sistema, por ejemplo. Para elaborar su discurso, Fisher recurre al contrapunto de numerosos filósofos marxistas, como Slavoj Zizek, o la dupla de Gilles Deleuze y Félix Guattari, lo que en un principio resulta intimidante si, como yo, no estás habituado a leer ese tipo de trabajos. Sin embargo, las explicaciones del autor sobre sus postulados me parecieron claras, al menos en sus bases más elementales, de modo que no resulta tan complicado seguir el hilo general de su pensamiento. Contribuyen también a esta claridad diversos ejemplos de obras culturales, desde películas populares hasta el trabajo de Franz Kafka. Por supuesto, la obra en sí sigue siendo compleja, pero adquiere su profundidad por otras razones. 

Hay algo sumamente ominoso en leer diversos pasajes y análisis de situaciones y pensar en seguida en desgraciadas experiencias sociales y laborales personales. Fisher habla desde un contexto, claro, pero este es extrapolable a otros. En el fondo, gente como yo pertenece a esa generación que él retrataba con los auriculares siempre encima, aunque no estuvieran reproduciendo música: sus estudiantes. 

¿Qué esperanza ha quedado para nosotros en este realismo capitalista, ahora que hemos dejado de ser formalmente «adultos jóvenes»? ¿Qué esperanza queda para nuestros hijos, nuestros propios estudiantes y todas las generaciones venideras? Hay quienes han aventurado que las cosas han empezado han cambiar en esta última década, pero me pregunto cuáles serían (si los hubieran) los cambios específicos para Latinoamérica y Chile, y qué podemos hacer personas como nosotros para ofrecer algo que complemente la resistencia de puños alzados: una mano tendida en busca de otra, por ejemplo. Mi pregunta personal por la búsqueda de entrega a otros de una esperanza política que venga de la imaginación y que sin embargo se pueda concretar en este mundo es algo que he estado planteándome con angustia desde 2019. Obviamente, tengo para largo, si es que alguna vez doy con algo parecido a una respuesta, pues claramente se trata de un asunto que desborda optimismos contingentes. Por cierto que las propuestas de Fisher no terminan de convencerme, en la medida en que son naturalmente seculares y que yo creo que deberían abrirse a discusiones de índole más espiritual.

Ahora bien, por alguna razón, mientras leía artículos sobre esta obra, me topé dos veces seguidas con una asociación a la virtud de la caridad. ¿Qué probabilidades había de encontrar esta idea en una obra marxista? Lo ignoro, pero me pareció una serendipia fascinante. Creo que mi fascinación se explica en lo curioso que resulta que un autor como Fisher pueda haber terminado expresando este tipo de virtudes cristianas mejor que algunos autoproclamados creyentes que al final no se preocupan por nadie más que por sí mismos y los suyos, y cuyas filiaciones religiosas no son más que excusas para justificar su anti intelectualismo u odiar a todos los que no son como ellos. Supongo que, salvando las obvias distancias, puede ser un fenómeno homólogo a algo que suelo comentar: la experiencia de encontrar historias que no se presentan como de Fantasía y que sin embargo encarnan mejor sus principios ético-estéticos que muchas obras que se han adueñado del rótulo.

Personalmente siento que las angustias que plantea Fisher debería compartirlas cualquier persona que tribute a la fe cristiana, porque tienen que ver con una profunda preocupación por la salvación del ser humano, pero ya sabemos cómo está de revuelto es(t)e mundo. 

En fin: sea cual sea el sistema de creencias del lector en las boscosas lindes de la fe, el libro de Fisher ofrece un  desolador panorama en el que detenerse a pensar… y, ojalá, eventualmente también a actuar.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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