«Once cuentos de Klondike», de Jack London

2–3 minutos

​Ya he comentado previamente que me encanta Jack London. Sus narraciones aventureras, notables en su tratamiento del espíritu humano en tensión con el de la naturaleza, me devuelven a un sentido literario de exploración y horizontes indómitos: la palabra como cayado hundiéndose en una tierra desconocida que debiera metérsenos hasta en las uñas. 

Sin ir más lejos, el año pasado destaqué Lobo de mar como una de las mejores novelas que leí entonces, y quizá también en mucho tiempo (fuera de la Fantasía). En esta oportunidad, quise continuar con el autor y me animé por esta antología de la editorial argentina Eterna Cadencia, que además de los cuentos incluye un estudio introductorio y hasta mapas de las zonas narradas. 
Por circunstancias del destino compré este libro en una situación personal difícil, en la que mi mundo conocido se hacía añicos, así que fue una experiencia muy curiosa leer sus páginas desde una tierra y un horizonte futuro que, en efecto, se me hacían ajenos y peligrosos. En un plano más práctico, debido a mi dificultad para escribir personajes masculinos y describir vívidamente entornos físicos, me pareció que sería interesante empaparme de estas narraciones, que justamente descollaban en estos aspectos. Felizmente, inspirada por uno de estos cuentos, logré escribir el borrador de un pasaje de una historia personal en el que busqué enfatizar en la hostilidad del espacio, y quedé de momento conforme con el resultado.

¿Qué puedo comentar de los cuentos en sí, fuera de anécdotas personales intrascendentes? Son todas narraciones enmarcadas en el contexto de los viajes y aventuras de Klondike (Canadá), hacia la fiebre del oro, contexto del que quedé prendada tras descubrir The Life and Times of Scrooge McDuck. Un mundo de hombres rudos y curtidos por la soledad, lo agreste y las vicisitudes propias de una vida que se decide día a día entre los enigmas de la naturaleza y las pillerías de otros aventureros. Por supuesto, siendo estas historias de London, resultan pródigas en tratamientos que podrían considerarse hoy como sexistas o racistas, pero supongo que nadie debiera ir a este autor esperando visiones super progresistas. Pese a ello, existen algunas interesantes aproximaciones al Otro,  el indígena, y su visión tentativa sobre sus tensiones con el hombre blanco. 

Aunque quizá lo anterior pueda sonar muy profundo, en todo caso, hay que recordar que London fue un best seller en su época, de modo que sus relatos suelen resultar muy cautivantes a pesar de la crudeza de sus temáticas. Ahora que además estamos tan lejos del contexto en que se enmarcan estos textos, termina siendo muy curioso leer esas peripecias en mundos que parecen casi de antaño, casi de Fantasía a pesar de ser tan realistas (¿naturalistas?) a su modo, y ha sido por ello una experiencia lectora que he agradecido mucho por su grado de extrañamiento.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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