Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Dificilísimo hablar brevemente de esa monumental novela, tanto en extensión (+1000 páginas) como en ambición histórica y literaria. Se podría señalar que sigue los derroteros de la familia Sháposhnikov, junto con otros personajes (soldados, científicos, políticos, etc.) vinculados, y que el eje está en la batalla de Stalingrado. Pero el libro desborda todo intento de síntesis.
Me gusta que esta desmesura permita abordar la guerra desde distintos frentes: combativos, políticos y cotidianos. Sería tentador proponer que acaso la guerra en sí sea la verdadera protagonista y sus numerosos personajes expresiones en los que esta hunde sus colmillos. Pero esta afirmación sería injusta con ellos. Algunos de los episodios más intensos nacen justo de su profunda humanidad: la madre judía de Shtrum despidiéndose por carta de su hijo antes de que la maten los nazis; Zhenia sumida en el infierno burocrático; Liudmila en el funeral de su hijo Tolia, joven soldado; el diálogo entre el blochevique Mostovskói y el enemigo alemán; Sofía muriendo en la cámara de gas aferrada a un niño que la ha convertido en madre en su adiós; las ominosas apariciones indirectas de Stalin; la cobardía final de Shtrum y la certeza de que tendrá que cargar con su responsabilidad de por vida; la reflexión de la matriarca Sháposhnikova cuando acaba la guerra; el bellísimo y bucólico pasaje final, de los mejores cierres de obra que he leído.
Esta es una novela decididamente imperfecta, en la que se advierte un compromiso que trasciende lo estético y que se despliega en lo ético e ideológico. Pero no deja de ser conmovedor que justamente el estilo de Grosman, más bien seco, se abra al lirismo y la emotividad más literarias justo cuando sus personajes se encarnan en las páginas hasta arrancarnos lágrimas.
Quizá ese efecto sea el encuentro definitivo entre ética y estética: la belleza y hondura de esos personajes, que se alegran y sufren, debieran recordarnos que escribimos, ante todo, para traer consuelo a este mundo. Y, concretamente, en casos como esta obra, por la esperanza de que algún día estas tragedias no vuelvan a destruirnos nunca más.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 8 de enero de 2021, en el siguiente enlace.