Serie «Materiales para un ensayo de vida», de Héctor Hernández Montecinos

2–3 minutos

Héctor Hernández Montecinos suele aparecer bajo la glosa de poeta prodigio y protegido de Raúl Zurita, un perfil que no me interesaba en lo absoluto. Sin embargo, debido a que hay mucho material del autor en Internet, descubrí que posee una fijación con la escritura desmesurada, al punto de que tanto sus poemas como sus libros suelen ser enormes, lejanos a la contención de los de sus pares. Una expresión particular de esta desmesura verbal y creativa es también este proyecto de obra artístico-biográfica en prosa, pensada como trilogía, y de la que hasta ahora existen dos libros. 

Ambas publicaciones las disfruté mucho. Un crítico había comentado que HH parecía un narrador más destacado que muchos otros cuentistas y novelistas nacionales, y concuerdo. La manera en la que el autor estructura y desenvuelve su vida personal y su formación como poeta es fascinante y muy envolvente. Los nombres propios se centra en la primera: la infancia, la pobreza de origen, las primeras aproximaciones literarias, el descubrimiento de la homosexualidad, los diversos encuentros y desencuentros con otros hombres. buenas noches luciérnagas se centra en la segunda: el despertar del poeta, la formación académica y literaria, los viajes como escritor. 

Las dos obras intercalan diversos tipos de textos: e-mails, conversaciones de chats, discusiones en redes sociales, diarios personales, evaluaciones universitarias y recortes de prensa, entre otros. Este ensamblaje permite construir una narrativa más implícita de lo que cuenta la prosa tradicional de no ficción, insertando la vida de HH en el devenir nacional y en las guerrillas escritoriles locales. 

Esto, que en su planteamiento podría leerse como algo que no tendría por qué atraerme, resulta muy bien trabajado en las obras. La lectura de ambos libros es muy placentera, y HH hace un estupendo trabajo construyéndose como persona y personaje en su lenguaje. Como en toda obra híbrida, poco importa determinar cuánto de esto está efectivamente ficcionalizado; ya el acto de rememorar y estructurar teleológicamente la propia vida para escribirla es parte de la ficción. Así, podemos leer estos libros como la curiosa autobiografía de un poeta que, si bien aún es relativamente “joven” para los estándares canonizadores de la poesía, ya posee bastante trayectoria y consagración; o bien, podemos leerlos como novelas de formación de un poeta cuya vida es tan intensa como su lenguaje.

Aunque yo misma me siento muy lejana a las experiencias netas de vida de HH, (desde su inclinación por el mundo bohemio hasta su formación tallerista y sociabilidad con otros poetas), casi tanto como su peculiar obra poética, me encantó leerle en estos dos libros. No necesitamos necesariamente calzar con cierto modelo autorial para valorarlo, y acaso sea también en esa distancia en la que podamos encontrar un nuevo sendero por el que avanzar cuando nos atascamos en los propios.  

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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