«El lobo de mar», de Jack London

2–3 minutos

¡Mi última lectura del año! De London guardaba bellos recuerdos de Colmillo blanco y El llamado de lo salvaje, y de pronto sentí el impulso de terminar el 2020 leyendo algo de aventura. Me encontré con una obra muy distinta a aquellas, pero tanto o más fascinante por su elegante complejidad.

La premisa de la historia es muy sencilla: Humphrey van Weyden, un intelectual náufrago, termina siendo rescatado por la embarcación Fantasma, capitaneada por el duro Lobo Larsen. La novela, narrada en primera persona por el intelectual, dará cuenta del proceso de crecimiento de van Wyden en un mundo aparentemente muy distinto al de los libros y al pensamiento: el de la vida en alta mar, entre el vaivén caprichoso del océano y la brutalidad primigenia de los tripulantes.

Pese a lo anterior, la novela ofrece un contrapunto muy llamativo e inesperado entre civilización y barbarie a través de un antagonista tan fascinante como Lobo Larsen. Este, además de ser un curtido hombre de mar, es también un pensador autodidacta, con una mirada compleja sobre la naturaleza humana que remite al pensamiento nietzcheano y al materialismo. Las discusiones filosóficas entre Larsen y van Weyden son sumamente atractivas, y están estupendamente engarzadas en la narración de las penurias habituales (mucho más mundanas) del Fantasma, sin que las interpretemos como una disonancia de composición. Antes bien, cabría identificar dos voces en la novela, que nos recuerdan que en realidad el mundo salvaje también conlleva su propia ideología de vida, y que pensamiento y acción son dos caras ineludibles del ser humano como ser íntegro.

Como puede intuirse, esta es una novela principalmente masculina. Sin embargo, existe una coprotagonista: la escritora Maud Brewster, a partir de la cual se forma una suerte de triángulo amoroso con van Weyden y Larsen. Por desgracia, los pasajes en los que el protagonista va descubriéndose enamorado y consciente de su virilidad al momento de protegerla me resultaron ridículos, aunque verosímiles por el tipo de hombre que es van Weyden. De todos modos, Brewster también llega a encarnar la dualidad de pensamiento/acción en el curso de la novela, siendo caracterizada como una mujer intelectual y valiente ante las adversidades físicas. Por ello, el personaje no me pareció malogrado como mujer.

En suma, El lobo de mar me pareció una novela mucho más compleja que lo que su premisa aventurera sugiere, y si bien quizá a alguna eventual lectora pueda resentir la idea de encontrarse con una visión de mundo como esta, la obra está tan bien escrita que puede apelarnos igualmente a nosotras, que también estamos a bordo de una embarcación en medio de una tormenta.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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