Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Mi primer acercamiento a Turguénev. Sorprendentemente, no me encontré con una obra densa, como corresponde a mis estereotipos personales hacia la literatura rusa, sino con una historia más bien breve y de lectura rápida, pero no por ello superficial.
Como anuncia el título, esta obra refleja el clásico conflicto generacional, que usualmente se presenta entre la tensión entre visiones más conservadoras y otras más progresistas. Aquí, la pugna se encarna principalmente en Bazárov, estudiante de medicina, y sus discusiones con un grupo de diversos adultos, tanto pudientes como de clase trabajadora, cuyas visiones se enmarcan en los códigos tradicionales de sus respectivas clases. Bazárov en particular se define en la obra como un nihilista, lo que no solo lo hace un insoportable, sino también un joven bastante complejo en su mirada ante la sociedad, los valores y el propio mundo en general. Acompañado por su amigo Arkadi, Bazárov va viviendo todo tipo de aventurillas sociales en las casas a las que arriba.
Uno de los grandes méritos de esta obra es su descarnada precisión descriptiva en torno a sus personajes. Arkadi es el amigo un tanto rastrero, oscilante entre la fascinación que le producen las atractivas tonterías de Bazárov y el propio lugar que le espera en la sociedad como joven acomodado. Nikolái es el padre de buena situación, cariñoso hacia su hijo Arkadi y más bien pánfilo. Pável es un ex militar que gusta de los lujos banales y que se enfurece muchísimo cuando Bazárov, con su características elocuencia, le enrostra su propia estupidez, en un episodio muy bien conseguido. Odintsova es una típica mujer rusa de alta sociedad, misteriosa y astuta, que examina con cuidado al par de amigotes. Y los humildes padres campesinos de Bazárov, como cabría esperarse, son dos ancianos bondadosos e ingenuos que tratan de hacer todo para que su hijo, claramente con otros focos en su vida, se sienta a gusto.
Me gustó muchísimo esta galería, pues los caracteres de estos personajes los hacen actuar por carriles que no siempre anticipan sus sendas personalidades. En ese sentido, algunos aspectos del desenlace dejan abierta la interpretación a si cierto suceso fue o no intencional. Ahora, como siempre, esto no importa tanto como el propio desarrollo de estos rusos tan interesantes.
Recomendaría esta obra a quien se sienta muy inclinado a leer literatura rusa realista y canónica, pero se sienta un tanto intimidado frente a la enorme extensión de las novelas más emblemáticas de la corriente y a la enorme cantidad de nombres extraños. Esta novela simplifica estos factores y sigue siendo tan magnífica en su tratamiento como cualquier otro novelón del estilo.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 1 de enero de 2020, en el siguiente enlace.