«Los sables», de Yukio Mishima

2–3 minutos

Hace mucho tiempo que no volvía a Mishima, uno de mis autores realistas favoritos, y esta vez lo hice leyendo de manera casi consecutiva dos de sus antologías.

Leemos en esta al Mishima más reflexivo en relación con las historias formativas adolescentes que se desenvuelven en espacios escolares o cotidianos (“Tabaco”, “El martirio”, “Las fuentes sobre la lluvia”), con todos sus intrincados códigos, y que nos recuerdan esas inefables lucideces y crueldades de la juventud que tienden a perderse con los años. Desde luego, leemos también este mismo tipo de historia, pero plasmada como una narración aún más intensa, en el cuento homónimo, un fascinante relato sobre uno de los típicos héroes del autor, un parco muchacho kendōka entregado por completo a la belleza física y ética del camino de la espada. En realidad, este cuento me causa mucha gracia porque creo que nunca había leído algo tan, ¡tan! Mishima; sería casi una estupenda parodia si no fuese tan buen relato. Un poco como “Patriotismo”, vaya. Todos los acentos habituales de sus temas y de su prosa se encuentran aquí, y eso implica también los desenlaces abruptos, bellos, increíblemente dramáticos, y el enorme fardo de un sentido honorable difícil de desentrañar.

El segundo cuento destacado de la compilación, para mí, es “Peregrinos en Kumaro”. Aunque las visiones de Mishima eran más bien misóginas y eso se traspasa a sus personajes femeninos, su retrato de muchos de ellos está lleno de gran minuciosidad al momento de develar las ambiciones, mezquindades y puerilidades de cierto tipo de mujeres, hasta volverlas casi entrañables al lector. En este cuento en particular, la compleja y sumisa relación de Tsuneko, una mujer de mediana edad, con el aburridísimo profesor Fujimiya, a quien sirve como cuidadora, se va desplegando poco a poco con gran delicadeza. Es una historia que se desarrolla mucho en los intersticios y que resulta sorprendente en la forma en la que dibuja la intimidad de una señora contenida que, sin embargo, encuentra un pequeño destino hacia el final del relato.

El único cuento que no me gustó nada fue “Pan de pasas”, que versa sobre las fiestas en la playa de un puñado de imbéciles que hablan con mucho argot. Me pareció una tontería. Fuera de eso, la antología me agradó mucho.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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