Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Mi primer contacto con esta obra fue durante el estudio de mi pregrado, en la sección oriental de la biblioteca de mi universidad. Entonces estaba inicializándome en la literatura japonesa y, naturalmente, al encontrar este libro allí, sentí un interés inicial. Sin embargo, por entonces estaba en una etapa medio emo hacia la religión y la sinopsis de la contraportada me apagó este interés. Mejor, quizá: no debía ser el momento más adecuado como para leer esta historia.
Muchos años después, Martin Scorsese dirigió una adaptación fílmica de la obra y me encantó, en parte porque coincidió con los inicios de un regreso a la fe. Me emocionó muchísimo ESA parte (me imagino que quienes vieron la película sabrán cuál), y en general me conmovió mucho la forma en la que se abordó esta confrontación espiritual entre dos creencias tan distintas, sin abogar panfleteramente por una en desmedro de otra, a pesar de que el foco esté en los misioneros jesuitas. Tal balance se deba quizá a que el autor de la novela fue un japonés bautizado al cristianismo.
Por supuesto, luego de ver la película, fui a la obra literaria. Para mi sorpresa, me encontré con un libro histórico amenísimo, que perfectamente podría haber sido escrito estos años en lugar de 1966. Con ello me refiero a que no posee nada de la aridez o densidad que pensé que tendría un libro de estas características, de aquella época. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con la profundidad de sus temas, y de hecho creo que es justamente su lectura amena una de sus grandes virtudes, porque despliega con aparente sencillez un conflicto cultural y religioso enorme.
¿Hasta dónde podemos llegar con nuestras convicciones personales en medio del dolor, tanto propio como ajeno? ¿Qué tan válida puede ser la imposición de la propia fe, aunque sea por buenas intenciones, en una tierra que posee sus propias legítimas creencias? ¿Cuántos rostros podría llegar a tener esa figura que los occidentales llamamos “Dios”? ¿Qué pasa con nosotros cuando realmente nos internamos en la noche oscura del alma?
Silencio es más una novela de preguntas que de respuestas, aunque en realidad cabría decir eso de cualquier obra literaria. Quizá el alcance particular aquí sea que se trate de preguntas de índole espiritual, aquellas que no siempre nos atrevemos a formularnos.
Ignoro cómo leerán esta novela los ateos. Sé que a algunos les ha gustado por la dimensión cultural y humanista del conflicto religioso que plantea. Pero, para los creyentes, la dimensión espiritual discutida me parece de una importancia crucial, fascinante, y más en tiempos como estos, de tanta violencia, crueldad, inmisericordia.
¿Está Dios siempre en silencio, como el título de la obra?
Esa es una pregunta que cada uno de nosotros debe ser capaz de formularse con su propia voz
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 1 de enero de 2020, en el siguiente enlace.