Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
La saga Las memorias del Juramento fue mi gran sorpresa lectora de este año, hasta el punto en que llegué a sentirme confundida en mi lectura porque me costaba aceptar que ya se había llegado en Chile a un nivel competente de escritura, tras tantas obras menores que había leído.
Si el mérito de Crónicas de Équilas era su imaginario, el de esta saga es, sin lugar a duda, su lenguaje. Poético, ágil e intenso según sea lo narrado, creo que esta es la mejor obra chilena de Fantasía en cuanto a su estilo, algo que en realidad no es un gran logro considerando el nivel general, pero que en este caso quiero destacar enfáticamente porque sí me parece una prosa muy agradable y bien conseguida.
Una cosa que me gustó mucho de esta saga es que tiene numerosos momentos pausados. No es que le falte acción (la tiene, y bien narrada), pero esta está más localizada en la historia y me resultaba menos tediosa de leer. Menos entusiasta me muestro hacia los elementos políticos que permean toda la aventura, pero por fortuna estos consiguen abrirse a otro tipo de reflexiones, sobre todo a partir de la segunda novela. Así, el habitual conflicto de la otredad y del choque entre culturas se desarrolla aquí centrado en el personaje de Ataru, que poco a poco va adentrándose en la comprensión y aprecio de un mundo nuevo, más afín a sus propios valores reprimidos.
Quizá resulte curioso enunciar en este punto que esta saga es bastante convencional en cuanto al subgénero de Fantasía épica neomedievalista, estructuralmente conservadora, incluso, lo que podría haberme apartado de la lectura. Pero el punto es que la prosa es tan agradable, y la historia misma está tan bien contada en su sencillez, que su convencionalismo jamás me resultó un problema. Por el contrario, me hizo recordar por qué me gustaron este tipo de historias en primer lugar, y me hizo añorar el acto de intentar escribirlas por vez primera. Creo que eso es bastante más de lo que podría haber deseado leyendo la obra de un compatriota.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 1 de enero de 2019, en el siguiente enlace.