Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Tenía muchas ganas de leer esta obra, compendio de cinco novelas basadas en el mito artúrico, sobre todo porque la primera de ellas, La espada en la piedra, había sido adaptada hermosamente por Disney. Precisamente por mi conocimiento general de aquella historia, pensé que el resto de las novelas irían a seguir una senda infantojuvenil, con trazas de aquel incisivo humor de la primera novela. Sin embargo, me equivoqué por completo. Cada novela de la saga entrega una experiencia muy distinta de lectura, hasta el punto en que La espada en la piedra resulta con creces la más amena y ligera (salvo las graciosísimas aventuras de sir Pelinnor con la Bestia Bramadora en el segundo libro); el resto va escalando cada vez más en dramatismo.
Cada novela va siguiendo la vida de Arturo, desde que es un muchachito hasta que se convierte en rey de Gran Bretaña, y todo lo que va ocurriendo con él posteriormente. Me han parecido todos trabajos fenomenales, si bien bastante oscuros y deprimentes en ocasiones, con una cohorte de personajes maravillosos a los que conocemos en toda la pulsión de sus obsesiones y dramas. Particularmente conmovedora me pareció la tercera novela, El caballero mal hecho, basada en sir Lancelot. Siempre he detestado a Lancelot, y esta obra consiguió la proeza de que me compadeciera de él y que incluso llegara a sentir cierto afecto por su malhadada persona. De todos modos, todas las novelas de la serie me entregaron momentos muy hermosos y emotivos, como el evento en que el joven Arturo está por sacar la espada de la piedra, o cuando un Arturo ya viejo, en la antesala de su estación final, sostiene aquella última conversación con un muchacho que resulta ser el propio Thomas Malory…
No creo que estas obras sean aptas para el lector de Fantasía comercial, pues no hay que olvidar que fueron escritas por Premio Nobel que no estaba necesariamente familiarizado con ciertos códigos más tradicionales de la Fantasía como expresión literaria. Por lo mismo, pueden resultar densas en su tratamiento narrativo. Por otro lado, los aspectos no miméticos más convencionales tampoco son tantos como podría esperarse en una obra de estas características, por lo que quizá habría que considerarla más una obra neomedievalista a secas que una obra de Fantasía propiamente tal. Aun así, para aquellos que amamos la tradición imaginativa sin fronteras, el trabajo de White se yergue como una parada necesaria en la reversión del mito artúrico. Al menos para mí ha supuesto una curiosa y agradable sorpresa.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 1 de enero de 2019, en el siguiente enlace.