Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
El principal mérito de esta obra es que traslada el potente imaginario de animé y de algunos RPGs clásicos (es decir, una base habitual para el escritor de Fantasía) a una novela de aventuras, y que este traslado, la mayor parte del tiempo, está sorprendentemente bien conseguido.
Mi único gran reparo es que la obra está plagada de acción en sus páginas. Sé que este es un factor muy valorado por el público objetivo, pero a mí me resultó agotador y un tanto aburrido al cabo de un tiempo. Lo que busco generalmente en una lectura, entre otras cosas, es introspección y belleza, y veo muy poco de eso entre tanto movimiento. Quizá este énfasis en la acción se deba a que el autor es cineasta y que, como le he oído decir en algunas presentaciones, no tiene muchas lecturas en el cuerpo. De ahí que el estilo, en general, sea muy poco literario, en el sentido más conservador del término. Con todo, la obra tiene sus méritos en cuanto a lenguaje: su léxico es muy preciso y variado y sus descripciones de entorno son contundentes y claras, sin resultar agobiantes. Menos logradas me parecen las descripciones de indumentaria y de ciertos aspectos del mundo secundario de Équilas; entiendo que la mirada cineasta del autor quiera transmitirnos con fidelidad lo que está viendo desde su imaginación, pero a veces tienden a resultar un tanto cansinas, sobre todo porque quienes conocemos su imaginario ya contamos con facilidad para proyectar esos elementos en nuestra propia cabeza a partir de pocas pinceladas.
Con los personajes de la obra me pasa algo curioso: me parecen terriblemente estereotipados, pero me agradan, porque proviene de estereotipos de medios que disfruto y con los que crecí. Como no soy mucho de animé, prefiero pensar ante todo en los RPGs, y confieso que me gustaría jugar esta obra. Mi personaje favorito, de hecho, es muy cliché: Kyresh, el sufrido amigo de infancia del protagonista que, por las duras experiencias de vida que le tocan en suerte, se envilece. Hay algo en la construcción de este personaje (¿quizá inspiración personal?) que me hace sentir gran honestidad en su concepción, y aun empatía, considerando que yo también me identifico con el modelo del underdog y que conecto con lo que el autor ha contado en entrevistas sobre su propia adolescencia solitaria e inmersa en las historias que amaba.
En relación con lo anterior, creo que mis partes favoritas del libro son, precisamente, esos raccontos en los que se narra parte del trasfondo de los protagonistas. Están narrados con gracia y sencillez, y en la mayoría no hay tanta acción, lo que me resultó un alivio. Ojalá hubiera habido más de esos episodios calmos y reflexivos en la novela.
En suma, pese a mis reparos, me divertí bastante con el primer tomo de Crónicas de Équilas, bastante más de lo que pensé inicialmente. Pero creo que la habría disfrutado más cuando era adolescente y aun no terminaba de enamorarme de la literatura, cuando resentía los aburridos libros del colegio y encontraba las mejores historias en mis consolas. Con todo, espero continuar con la lectura de la saga a futuro.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 1 de enero de 2019, en el siguiente enlace.