Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Esta novela también la leí en un epub previo a su lanzamiento oficial. Si bien aun no leo la primera novela de Raquel, nuestras conversaciones me han revelado que se trata también de una autora sensible hacia la Fantasía y la literatura, y solo por ello merece mucha atención.
Después…, probablemente, la obra más atípica de este listado. Para empezar, su estructura no es del todo lineal, sino de carácter episódico: en cada capítulo se presenta la historia de un personaje distinto. A medida que transcurre la lectura, sin embargo, empezamos a notar que estas breves narraciones, casi cuentos, van engarzándose sutilmente unas con otras, para tejer un tapiz más complejo en torno a diversos temas como la pérdida, el hallazgo o construcción de un lugar en el mundo en el que encajar o la nostalgia, todo en relación con la mágica hondura del mar. Contar más, quizá, sería revelar excesivamente parte de los encantos de esta novela.
Si tuviera que elegir una palabra para describir esta obra, sería ternura. No estoy muy segura de por qué, pero existe una delicadeza tal en la forma en la que se conciben y enlazan las historias que mi experiencia de lectura me invoca, precisamente, ternura. Cada personaje es singular en cuanto a sus problemas y aspiraciones, y resulta inevitable decantarse a veces por unos por sobre otros, según sean nuestras afinidades. Es una forma particularmente sensible de concebir y escribir una novela de Fantasía, que no dependa de un gran despliegue de maravillas para ir a tono con algunos de sus valores, por lo que me ha llamado mucho la atención y me he animado a destacarla aquí. Creo incluso que sería una gran incorporación en algún catálogo juvenil de plan lector, porque tiene ese añorado encanto de esos escasos «buenos libros de colegio», que ya casi no existen.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 1 de enero de 2019, en el siguiente enlace.