Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Este libro infantil resultó ser la más inesperada de las sorpresas. Lo compré a ciegas, solo por su evocador título y su curiosa sinopsis, pero sin tener muy claro qué podría encontrarme en él. ¿Elfos? Pues sí y no. La tarde de los elfos es una novela que, a mi juicio, se instala en la línea de Un puente hacia Terabithia para plantear un acercamiento realista hacia la imaginación: en ningún momento los protagonistas trascienden a un mundo secundario, y los aspectos mágicos surgen velados por diversas circunstancias. Pero aquí no importa determinar si son fácticos o no, porque lo importante es el tejido que surge a partir de ellos, su potencial para conectar vidas a través del poder de la imaginación y, en última instancia, de curarlas cuando la partida es inevitable.
Cruda y a la vez sensible, esta novela desarrolla una relación tan compleja como la de dos niñas muy distintas a partir de su interés compartido por los elfos, concebidos aquí como pequeñas criaturas feéricas similares a los duendecillos. Lo que podría parecer una dulce ilusión infantil o un promisorio comienzo de una gran aventura deriva en una difícil esperanza en un contexto muy duro y aislado, pero peligrosamente común.
No veremos a los elfos presencialmente, pero sí sus obras en el patio de una de las niñas protagonistas. Estas huellas, sumadas a otras aún más importantes, sientan las claves para una novela infantil sorprendente, bastante alejada de varias corrientes simplistas que campean hoy en día en este ámbito, y poderosamente triste, como la propia niñez.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 20 de diciembre de 2017, en el siguiente enlace.