«Ciudad Victoria», de Salman Rushdie

3–4 minutos

​Esta obra ha sido catalogada como de “realismo mágico”, que es el rótulo genérico que se le da a las obras con elementos imaginativos no asociables enseguida a la ciencia ficción y que han sido escritas por autores normativos o importantes. En realidad, está más cercana a la Fantasía al ser una suerte de epopeya moderna, o derechamente un trabajo mitopoético. Rushdie no es un advenedizo en este tipo de historias, por lo demás: Harún y el mar de las historias (1990) y Luka y el fuego de la vida (2010) son aproximaciones metaficcionales ambiguamente infantiles a la importancia de las historias, desde una propuesta afín a la Fantasía y al cuento de hadas literario.

En Ciudad Victoria ​(2023), Rushdie emplea una vez el marco metaficcional para explicar que la obra es una reescritura simplificada de la epopeya india Jayaparajaya, escrita por la propia Pampa Kampana, heroína de esta narración y fundadora de la ciudad homónima del título. En este interesante cruce entre historia real e imaginación mítica (el imperio Bisnaga de la obra está inspirado en el imperio real de Vijayanagara, de los siglos XIV y XVI) se plasma esta curiosa aventura, en la que seguimos la vida de la protagonista desde que es niña y adquiere de una diosa, tras el suicidio colectivo de las mujeres de su comunidad, el ambiguo don de la longevidad.

Pampa alzará Ciudad Victoria desde unas semillas, pero estará condenada a nunca poder asumir el control total de su creación, debiendo resignarse a actuar tras bambalinas a lo largo del tiempo. Esto le permite a la narración introducir una mirada que podríamos considerar protofeminista, pues Pampa es claramente una mujer excepcional y autónoma (poderosa, en pleno control de su sexualidad, inteligente, etc.) constreñida por la estupidez patriarcal. Ahora bien, no ha terminado de convencerme el enfoque del autor para remarcar esto, pues recurre al cansino enlodamiento de la figura masculina para resaltar, por contraste, a la femenina. Al menos la visión completa no es tan maniqueísta, pues destacan personajes masculinos sensatos y unos femeninos muy pérfidos.

Pampa misma es un gran personaje, que en su arco padece un motivo muy propio de la fantasía: el efecto del tiempo en alguien que prácticamente no envejece. Vemos el dolor de la mujer al ir perdiendo poco a poco a aquellos a los que ama (incluyendo sus hijas), su frustración al no poder nunca mantener Ciudad Victoria en un esplendor estable, o su propia tristeza enquistada.

Lo que más me ha gustado de la obra han sido justamente estos aspectos que la aparentan con la Fantasía, desde este tipo de temáticas ligadas a la imaginación que permean diversos episodios de la obra, y la manera en la que todo esto se cruza de manera orgánica con la destacada dimensión política de esta narración. Por supuesto, al venir de Rushdie, esta también es una historia en la que una vez más se nos insiste en el poder de la palabra, de las historias mismas, como refugio, resistencia y redención espirituales y políticas. Pampa escribe su historia, que es también la de Ciudad Victoria, y logra sobrevivirla, porque eso es lo que se supone que hace la literatura.

No deja de ser impactante pensar que esta novela se publicó poco después del horrible atentado que sufrió Rushdie y que le hizo perder la visión de un ojo. Es estremecedor compararlo con el propio martirio físico que sufre Pampa hacia el último tramo de la obra, por razones homólogas al ataque de su autor: intolerancia ante el otro, brutalidad, deshumanización. Por fortuna, pese a sus heridas, Rushdie ha sobrevivido y ha seguido escribiendo.

Ciudad Victoria, pese a su nombre ampuloso y en última instancia engañoso respecto al verdadero destino de su comunidad, es también el testimonio del triunfo último que espera a la palabra narrativa y artística y a las personas que, como la ficcional Pampa o el muy real Rushdie, les han dado forma.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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