«La llave», de Tone Almhjell

2–3 minutos

La pequeña Lin Rosenquist aún está de duelo por la muerte de Rufus, su ratón, cuando recibe un regalo inesperado: un paquete rotulado como “Girarosa” con una misteriosa llave. Gracias a ella, Lin accede a Platelia, mundo secundario invernal habitado por los Mascotines, mascotas muertas alguna vez amadas por sus niños. Allí la niña se reencuentra con Rufus, ahora grande y parlante, pero también asume una difícil misión: encontrar, durante el curso de una noche, a Isvan el Hibernalis, el único capaz de conjurar un rito para salvar a Platelia.

La llave es una novela infantil de fantasía de portal, heredera de la tradición narniana. Buena parte de la obra se concentra en la investigación de Lin y Rufus para averiguar qué ha sido de Isvan, lo que le da un ligero matiz policial. Pero, hacia el último tercio, la narración se vuelve un frenético viaje.

La novela parece bastante convencional, pero se agradece esta aproximación en un género estúpidamente desesperado por reinventarse. Aquí hay una profecía planteada como enigma, animalitos parlantes que pueden ser tanto tiernos (Rufus, el oso Ursus Minoris) como ambiguos (el zorro Teodor, el gato Figenskar), comida rica e incluso una magia orgánica enfrentada a una tecnomagia (!). Aunque algunos de estos elementos no fueron tan desarrollados como hubiera deseado, su mera existencia es alentadora.

Curiosamente, hay mucha sangre en la obra. Lin se corta (accidentalmente) de manera constante durante la aventura. Incluso, la sangre tiene un sentido simbólico hacia el final. Me alegra que un libro como este no haya sido censurado en ese aspecto: claro que una aventura difícil podría hacer que la heroína se lastime.

La llave no propone nada muy nuevo a su tradición, pero no lo necesita ni se lo propone. Interesará a los viudos del legado infantil de Narnia, y quizá especialmente a aquellos que amamos los animalitos parlantes o que tengan mucho apego a sus mascotas.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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