Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Esta es una edición del codiciado catálogo de Olañeta. Llegó por sorpresa como saldo a la famosa Librería Chilena de Santiago, y puesto que ya no vivo en esa horrible ciudad, pude conseguir un ejemplar gracias a la amable gestión de Bernardita O. Labourdette.
A Mary de Morgan tenía muchas ganas de leerle más historias luego de mi deslumbre ante su bello y triste relato “Los vagabundeos de Arasmón”, incluido en la edición Cuentos de hadas victorianos de Siruela. Con este libro de Olañeta, descubrí por fin a una autora que satisfizo y aun rebasó todas mis expectativas como escritora de cuentos de hadas literarios. Cada narración me pareció perfecta en su promesa, desde su bella y precisa prosa a la fluida y redonda estructura, pasando por su profunda comprensión de motivos tradicionales de los cuentos de hadas orales y su correspondiente apropiación autorial.
Este libro lo leí junto con otra joya de Olañeta, esta vez referida a una compilación de cuentos de hadas de Madame D’Alnuoy. La obra de De Morgan me pareció superior y mucho más afín a mis intereses, pues los cuentos de D’Alnouy estribaban muchas veces en torno al amor y las parejas, tema que en general me tiende a aburrir por prosaico, mientras que la autora inglesa era más variada en sus inquietudes temáticas, y hasta cierto punto más subversiva en su tratamiento. En ese sentido, me siento mucho más cercana a las propuestas estéticas de la tradición del cuento de hadas victoriano que a la francesa.
También sería posible trazar una genealogía entre De Morgan y cultoras contemporáneas del cuento de hadas literario, como Angela Carter, aunque personalmente sigo prefiriendo a la autora victoriana porque la siento más cercana a la hechura de la Fantasía, de la misma forma en que George MacDonald me lo parece frente a la obra más popular de Lewis Carroll.
Como sea, si te interesan los cuentos de hadas literarios poco conocidos, con una pátina de belleza melancólica y con finales no siempre felices, pero eucatastróficos a su manera, esta obra de Mary de Morgan es un valiosísimo exponente.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 16 de enero de 2023, en el siguiente enlace.