«La doncella del corazón negro», de Alejandro S. D’Alessandri

2–3 minutos

Esta es la segunda parte de la serie Crónicas de Équilas, del chileno Alejandro S. D’Alessandri. Años atrás, insinuaba que el hecho de que estuviera concebida como una obra que nacía del deseo de replicar la experiencia audiovisual y lúdica de la fantasía condicionaba su apreciación literaria. Pese a ello, señalé que me había gustado con todo y reparos, y que esperaba avanzar con su lectura. Pues bien: ahora lo he hecho.

Este segundo libro mantiene algunos aspectos que no me habían gustado de su antecesora, como sus constantes gazapos estilísticos o el énfasis desmesurado (para mí) en los espectaculares combates. En ese sentido, obviamente es una obra muy distante a la experiencia lectora que me supusieron las publicaciones que acabo de comentar [en la serie de lecturas destacadas del año correspondiente[. Pero creo que hay una ingenuidad muy conmovedora en los libros de Équilas, que me resulta bastante inspiradora en tiempos en los que me siento regresando a mis orígenes más puros. Además, leí esta novela en una etapa en la que estaba particularmente agotada, sin mucha fuerza para leer (o hacer) otras cosas, y me supuso una agradable compañía que no olvidé. A veces es todo lo que le podemos pedir a una historia; a veces es lo único que debería entregarnos.

Los aspectos que más me gustaron de esta continuación fue la inclusión de dos personajes femeninos secundarios que me resultaron muy interesantes: la elfa inventora Gálivan , que perdió a su padre y a su amado en trágicas circunstancias, y la edlán rebelde Midlun, perseguida por sus orígenes raciales. Aunque la inserción de sus sendas historias de origen rompieron de manera brusca el flujo de la narrativa central, me gustaron mucho como relatos individuales. 

Ya para La espada de la luna rota, el primer libro de la serie, había comentado que mis pasajes favoritos de la obra de D’Alessandri son cuando la narración deja de lado los combates y se detiene en el interior de los personajes, por más genéricos que resulten. La insistencia del autor en presentar el sufrimiento que causan las diversas pérdidas o el hecho de ser diferente en un mundo roto, así como el coraje que se requiere para procurar juntar otra vez sus pedazos, me parece muy importante para su público objetivo. Es aquello con lo que más conecto de esta historia y, con justa razón, la que más me trae a la mente mis años juveniles.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.

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