Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
Un título sumamente engañoso y genérico para una sorprendente colección de tres narraciones (“Eckbert el rubio”, “El monte de las runas” y “Los elfos”) de este escritor alemán perteneciente al Romanticismo. Contrario a lo que podría suponerse a partir de ese “fantásticos”, esta obra está lejos de las aburridas vacilaciones y el delirio de lo racional, por fortuna. Más bien, se relacionan con la tensa relación entre lo humano (lo presuntamente lógico, mesurado y constreñido) y lo feérico (lo imaginativo, salvaje y desatado) en aquel campo de batalla (¿de juegos?) que es la naturaleza, así como de la búsqueda de los protagonistas de un sentido más sólido del que la realidad les provee.
Estamos frente a un conjunto de narraciones casi inaugurales, en el sentido de que remecen tradicionales concepciones en torno al relato y adoptan tanto vetas ensayísticas como un desarrollo de personajes más propia de la novela. Como corresponde, también se aprecia un marcado acervo de inspiración folclórica y resabios tanto de la leyenda como del cuento de hadas. Pero acaso lo más destacado, en la línea de esta entrada, sea la presencia de vistazos y exploraciones de Faërie de una forma que podríamos considerar embrionaria, una prefiguración de lo que leeremos posteriormente en autores de Fantasía propiamente tal. Los personajes, de una u otra forma, cruzan la frontera de su mundo primario y acceden a un nuevo plano de realidad, pero este viaje no les depara la alegría definitiva. Antes bien, los relatos adquieren sombríos matices en el accidentado regreso de los protagonistas a su contexto original. Los cambios experimentados en sus experiencias maravillosas los han dejado en una suerte de complicado limbo, que acerca sus destinos a la tragedia. Con todo, la belleza poética con la que el autor narra estos encuentros con lo feérico es tal que su evocación crea la paradójica sensación de que este destino, por muy aciago que resulte, sigue siendo preferible a la anodina realidad conocida.
Me entusiasma mucho trazar genealogías difusas desde autores poco conocidos. Eso, sumado al hecho de que no suelo volverme hacia las fuentes románticas de la Fantasía, ha vuelto el hallazgo de esta obra una feliz lectura.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 20 de diciembre de 2017, en el siguiente enlace.