Reseña breve de la obra, en el contexto de la sección «Mis lecturas recomendadas» anuales.
No suelo leer novelas gráficas: el formato se me agota pronto y termino aburriéndome. Me gusta leer texto y la narrativa gráfica tiene muy poco de él; qué le voy a hacer. Algunas obras que he llegado a leer me han gustado mucho, pero con reservas. Puedo admirarlas intelectualmente, pero mi corazón permanece impasible. I Kill Giants es una de las pocas obras de este tipo que han conseguido conmoverme, y por ello la incluyo aquí.
Quien mata gigantes es una preadolescente de carácter enérgico y muy friki con una vida muy complicada: sufre de matonaje en su colegio y las cosas no andan nada de bien en su familia. Anda, ¡eso también me suena parecido! Pero a diferencia de mi yo juvenil, Barbara es bastante conflictiva y no duda en enfrentarse a quien sea que se ponga en su camino (sí, incluida la matona. A golpes). Es una matagigantes, después de todo, ¿no?
He aquí que se presenta lo interesante en esta historia: la relación de Barbara con el reino de la imaginación. La niña cree en la fantasía y trata de vivir su vida según esta fe. Ve algunas criaturas feéricas, conoce de los peligros de la maravilla y trata de entrenarse para ser una rival competente para los gigantes. Por supuesto, nuestro vulgar mundo real no le da cabida a alguien así. Para la sociedad, Barbara es una muchacha consumida por lo “fantasioso”, que lo emplea para eludir sus problemas reales. ¿A qué nos suena eso? Ah, sí: al viejo problema del escapismo, pero también a la estupidez humana que le tiene un pavor inmenso a la imaginación y sus pliegues. Lo cierto es que la imaginación en Barbara no es una huida, sino su forma particular de lidiar con sus verdaderos problemas, los que intuimos tan grandes en el transcurso de la narración que sabemos que nadie podrá ayudarnos, ni siquiera aquellas personas gentiles que nos ofrecen con sinceridad su amistad. Son de esas cosas que debemos vencer a solas y para las que nos debemos preparar. Sí, como si fuéramos a enfrentarnos a un gigante.
En realidad, Barbara está muy consciente de que no puede ganarle a aquel otro rival que está a punto de llevarse algo que ella ama, porque éste no es un gigante. Los gigantes se pueden derrotar. Pero eso no significa que no vaya a enfrentarse a uno en su viaje personal, y que ese enfrentamiento vaya a ser en vano o factible de interpretarse en el farragoso y simplón terreno de lo alegórico. Barbara es una luchadora de Faërie, con tooooodos sus defectos y cobardías a cuestas: esa es la gracia. Y su victoria como tal es lo que le permitirá encontrar la paz ante la pérdida que, como reverso, le espera inevitablemente.
¿Qué más decir de I Kill Giants? Me hubiera gustado que Barbara hubiera sido mi amiga de joven: habríamos luchado juntas. Y, de haber existido su historia mucho antes, cuando yo tenía alrededor de su edad, podría haber encontrado la fuerza suficiente para no haber cometido el mismo error que ella estuvo a punto de cometer. Ya no puedo remediarlo, pero ahí está la Fantasía para consolarme y hacerme entender lo que pasó. Y, quizá, para ayudarme a impedir cometer ese error otra vez. Porque para eso, también, existe la imaginación.
* Este texto se publicó originalmente en mi blog Tierra de Fay,
el 31 de diciembre de 2015, en el siguiente enlace.