A propósito de la enésima discusión sobre el aparente monopolio de la obra de Brandon Sanderson en librerías, critico la poca rigurosidad de los lectores de fantasía al momento de catalogar algunas de sus expresiones subgénericas específicas y su tendencia a omitir referencias teórico-bibliográficas en sus propuestas.
En torno a la discusión sobre la posición monolítica de la obra de Brandon Sanderson como autor contemporáneo de fantasía, ha campeado en redes sociales la pregunta por el tipo de fantasía que escribiría. Por ejemplo, algunos discuten sobre si escribe alta fantasía o no, y qué significaba que fuese “alta”, que si la “baja” era categoría discriminatoria…
Leí un sinfín de definiciones, pero… ¿y las fuentes para respaldar todas esas propuestas?
No sé qué tienen los subgéneros de la Fantasía que el fandom elude sistemáticamente cualquier tipo de referencia, fuente o citación a lo que personas importantes, que han dedicado su vida a su estudio o aun a su propia escritura, han formulado antes que ellos. Alguien diría que esto es un vicio de la academia y que la gente no tendría por qué incluir bibliografías, pero no me lo parece así. Creo que detrás de esto se esconde una peligrosa tendencia anti-intelectual. Una que, por alguna razón que aún no comprendo, veo casi siempre en las comunidades de ficción imaginativa, como si la imaginación misma no requiriera del intelecto para cobrar forma bella y coherente.
Nadie está aquí pidiendo que incluyan una bibliografía en MLA o Chicago o el sistema de referencia que sea (cosas muy odiables siempre, por lo demás). Simplemente, lo que yo desearía, lo que encontraría más razonable, sería respetar el pensamiento y trabajo teórico de otros y rendirles tributo a través de una mera mención. Ser rigurosos en lo que se supone que amamos. Ser honorables con nuestros maestros. Es decir, expresar algunos de los valores que nos han compartido historias de Fantasía en nuestro propio quehacer diario con ella.
Alguien podría decirme que esta es una labor difícil para quienes no tienen entrenamiento en estas pellejerías investigativas. Pero aun así pueden buscar y explorar más allá de lo evidente y lo popular. Esos también son componentes de la Fantasía, a su modo. El pensamiento, la investigación, la búsqueda y la exploración no son propios de la academia, y de hecho diría que la academia actual está cada vez más lejos de estas cosas.
Comprendo que la experiencia puede ser compleja, pero en esos casos siempre se puede atenuar el propio discurso con modalizaciones discursivas. En otras palabras: en lugar de sostener “La alta fantasía es esto”, decir “Yo creo / así como lo veo / hasta donde sé, la alta fantasía es/podría ser esto”.
Porque, en estricto rigor, ¿cómo sabemos lo que es o podría ser la alta fantasía?
Definiciones de este tipo, por lo general, surgen para caracterizar una expresión literaria concreta. La obra precedería a la denominación, aunque ha habido casos en los que ha sucedido a la inversa: de determinada conceptualización, han empezado a surgir poco a poco obras que desarrollen su propuesta. Como sea, se trata de conceptos que nunca surgen en el vacío. Alguien los enuncia o esboza, y tras esa primera voz vienen muchas otras que la van discutiendo o refinando en el tiempo. Pero creo que es importante, siempre que sea posible, saber quién fue esa primera voz, o al menos contar con la referencia de una voz importante en el transcurso de aquella discusión.
Hay quienes creen que los subgéneros de la Fantasía son meras categorías comerciales. No lo son, al menos no todos. Así como yo lo veo, los subgéneros deberían poder aportar matices distintivos a expresiones claramente diferentes de contar y recepcionar una historia de Fantasía. Distinguen matices estéticos trascendentes, no la tendencia editorial de turno.
Ahora, ¿cómo distinguir entre ambos? La respuesta es más compleja de lo que parece, porque lo que hoy podría ser tendencia bien podría terminar asentándose como una corriente importante en la Fantasía en el tiempo. Personalmente, tengo la muy radical y prejuiciosa (y muy poco académica, ¿lo creerían?) visión de que, si el subgénero en cuestión tiene un palabrejo en inglés que no se ha traducido, es muy probable que se quede en tendencia gringa que se nos ha sido impuesta. (Desde luego, entre eso omitiría el steampunk, por ejemplo).
Claramente, todo lo que refiera a estética como el movimiento de aesthetics, en el sentido de moda textil o tablero de Pinterest, cabe también dentro de lo comercial: las dark academias o los cottage core, que son de paso versiones domesticadas y estilizadas de los espacios que referencian (la academia y el bosque, ambos bastante brutales a su manera). No digo que no puedan haber obras relevantes o interesantes que los expresen y/o que sean catalogadas como tales (en lo personal, me atrae mucho leer Babel, de R.F. Kuang, que aborda un espacio académico, pero también una discusión ideológica sobre el colonialismo británico), sino que estos conceptos en sí mismos parecen aún desprovistos de hondura.
Volviendo a las preguntas iniciales: ¿quién habló del concepto “alta fantasía”? Pues el escritor de Fantasía Lloyd Alexander, en 1971, en su ensayo “High Fantasy and Heroic Romance”. Este dato aparece en la Wikipedia en inglés, de hecho. Aunque el acceso mismo al artículo no sea tan expedito, al menos queda como ejemplo de que a veces no es tan complicado rastrear el origen de un término importante.
Ahora, me pregunto si parte de la tendencia anti-intelectual que parece experimentar parte del fandom de ficciones imaginativas no tendrá que ver con que ahora muchos escritores solo trabajan sus ficciones y no se detienen, como antes, a emplear algunas de sus palabras para el pensamiento crítico y exploratorio de la propia materia de su arte. Y con ello pienso sobre todo en la forma por excelencia del pensamiento escrito refinado: el ensayo.
Creo que sería mucho más provechoso para la Fantasía y para los Fantasistas volver a este modelo de escritura, por más fallidos o temblorosos que resulten esos ejercicios textuales, que apenas esbozar una sentencia vaga en 280 caracteres en Twitter, o escribir un post de microblogging con muchos párrafos de una única oración, como los gringos.
Me hablo también a mí misma, cuando siento el impulso de solo quedarme en tuits por agotamiento ante mi formato más habitual de texto muy extenso. (Razón, entre varias otras, por las que no hablo tanto ya de Fantasía en Twitter, pero sí en otros medios, como este boletín).
Pero he de retomar mis propios ejercicios fallidos, pensando y repensando la Fantasía, y tratando de hacerme un espacio para continuar leyendo teoría (Farah Mendlesohn y su retórica de la Fantasía acechan en la distancia…) y articular algo a partir de eso.
Tenemos que vencer de alguna forma ese agotamiento ante la palabra. Se supone que somos escritores, y los escritores piensan y crean desde la palabra.ino la situación actual de la Fantasía en estos tiempo.
* Este texto se publicó originalmente en mi Boletín de Fay #14,
el 31 de mayo de 2023, en el siguiente enlace.