«Caballos desbocados», de Yukio Mishima

1–2 minutos

​Una de las obras más insignes del gran Yukio Mishima. La leí por primera vez a los 18 años y me enamoré de ella, como cabría de esperar. Muchos de mis valores juveniles, aunque parezca extraño, vienen de aquí, si bien naturalmente torcidos y aplicados más a mi quehacer artístico.

Esta novela es la segunda parte de la tetralogía El mar de la fertilidad, que cuenta la historia de dos personajes, en principio los amigos juveniles Kiyoaki y Honda, a lo largo de varias décadas. Al final de la primera novela, Kiyoaki muere, pero a partir de entonces Honda lo va reencontrando en sucesivas encarnaciones mientras él madura y envejece. En Caballos desbocados, Honda es un treintón-cuarentón que se reencuentra con la primera reencarnación de Kiyoaki, el recio joven Isao Iinuma.

Hace un montón de tiempo que no releía esta obra, y me resultó sumamente interesante, por tanto, poder ahora identificarme más con un Honda adulto antes que con el adolescente Isao. Pude empatizar ahora con la preocupación y obsesión de Honda con su joven protegido, así como con su visión más templada de la vida. En particular disfruté de algunas visiones sobre el abandono de la juventud y los cambios que ello implica en la adultez, algo que naturalmente no sentí cuando leí esta obra siendo yo misma una adolescente. A su vez, pude reencontrarme con cierta distancia con la figura de Isao, y experimenté de manera diferente (no condescendiente, sino más racional) su furia y frustración ante la impureza de la sociedad.
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Como sea, aunque la experiencia íntima fuese algo diferente a las lecturas anteriores, ya tan lejanas, seguí disfrutando enormemente mi reencuentro con esta maravillosa novela. Y me hizo repensar, una vez más, en mi propio yo adolescente, visto desde mis ojos adultos, y la necesidad (imposible, quizá) de equilibrar ambos polos de la existencia.

Paula Rivera Donoso
Escritora de fantasía. Doctora (c) en Literatura.